LOIDA ZABALA, HALTERÓFILA PARALÍMPICA

"Sé que no tengo ningún límite, que puedo superar cualquier circunstancia que me pase con facilidad"

Quiso fortalecer los brazos tras quedar en silla de ruedas con 11 años por una inflamación medular y acabó en halterofilia. No contenta con ser campeona de España 14 veces en 'parapowerlifting' (levantamiento en potencia) y con sus tres diplomas olímpicos en los tres Juegos en los que ha participado, decidió competir con personas "sin discapacidad" y, en 2016, ganó la Copa de Europa. Ahora, esta alegre cacereña estudia Interpretación y le gustaría convertirse en entrenadora de powerlifting.

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Loida Zabala, halterófila paralímpica: "Un mes antes de ir a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, mi expareja me maltrató, me lesionó el brazo derecho y mi sueño se alejaba: no podía estirar el brazo y, obviamente, no podía levantar pesas. A las dos semanas, por suerte, pude recuperarlo, empecé a entrenar de nuevo y pude viajar hacia Londres y conseguir la plaza que quería".

"Fue para mí una prueba de que cualquier proyecto que tengas en mente, por muy difícil que parezcan las cosas, al final todo se consigue si pones el foco en aquello que quieres lograr".

Iván Alonso, psicólogo deportivo de Loida: "Loida es una persona con una actitud increíble para todo, no solo para el deporte, también ante la vida. Siempre está contenta, siempre está con una sonrisa, siempre está queriendo luchar".

Óscar Sánchez, entrenador de Loida: "Es una persona muy muy fuerte, ha tenido circunstancias en su vida en las que, pese a todo, ella ha tenido alegría, ha tenido esa capacidad para seguir adelante, para seguir luchando, que sabe tirar para delante, luchar por lo que quiere e ir a por ello".

Loida Zabala: "A los 11 años tuve una inflamación medular por la que estuve varios meses en cama, con morfina, con muchos dolores... Y cuando salí de allí me sentaron en mi primera silla de ruedas y para mí cambió la vida, sin duda, pero a mejor, porque aprendí lo que significa realmente la palabra libertad".

"Si a los 11 años me hubieran dicho que mi vida sería así de increíble a día de hoy, no me lo habría creído. Sin duda es una experiencia que no cambiaría por nada del mundo, porque gracias a todo lo que me ha pasado en la vida he ido evolucionando".

"Todas las experiencias que he vivido no las cambiaría por nada. Lo que me gustaría haber hecho en el pasado y lo que cambiaría sería decirle a mi madre que mi vida iba a ser maravillosa, para que ella no se sintiera mal por verme en esa cama".

"Sé que no tengo ningún límite, que puedo llegar a superar cualquier circunstancia que me pase con facilidad".

"Cuando me hablan de discapacidad para mí es algo que no existe. En 2016, después de mis terceros Juegos, quise probar a competir contra personas "sin discapacidad". Al final lo hice con 39 de fiebre —me bajaron muchísimo las defensas y nada más incorporarme me mareaba—, pero fui allí y gané la Copa de Europa. Para mí fue una prueba de que la discapacidad no existe y que todos podemos competir con las mismas normas y en las mismas circunstancias".

"Yo soy de esas personas que, si algo me gusta, voy a por ello. El año pasado empecé a hacer mi tercer documental y ahí me di cuenta de que había muchísimo más por aprender. Así que dije que por qué no formarme como actriz y por qué no conseguir ese sueño que has tenido en un momento en la cabeza".