medio ambiente

TeInteresa
  • A lo largo de las sucesivas Conferencias de las Partes —conocidas como COP— se han ido introduciendo nuevos elementos en la arquitectura internacional de las negociaciones sobre el cambio climático. Dichos elementos permiten afrontar retos concretos como la financiación de la mitigación y la adaptación al cambio climático o la transferencia tecnológica.

    Sin los bosques no tendríamos ni aire puro, ni agua potable ni muchos de los alimentos que necesitamos para vivir. Estamos, por tanto, en deuda con ellos. Sin embargo, la deforestación avanza poniendo en peligro unos ecosistemas de los que depende la riqueza natural del planeta y su capacidad para enfrentarse al cambio climático.

  • No figuran en los mapas, pero en nuestros océanos existen cinco islas de plástico flotante que amenazan con erradicar buena parte de la vida marina y contribuyen al cambio climático. Algunas de estas manchas de basura —como la del Pacífico Norte— tienen un tamaño equivalente a Francia, España y Alemania juntas.

    Su sobrenombre, el séptimo continente, ya lo dice todo y no es para menos. La isla de basura que flota en el Pacífico triplica el tamaño de Francia y es el mayor vertedero oceánico del mundo con 1,8 billones de trozos de plástico flotante que matan, cada año, a miles de animales marinos entre California y Hawái.

  • Ayudan a combatir la contaminación, favorecen la biodiversidad en el núcleo de las grandes ciudades y facilitan el control de la temperatura y la humedad. Las zonas verdes en el seno de las metrópolis son, además, un importante elemento de cohesión social. El concepto del parque urbano como espacio abierto para disfrute de los ciudadanos surgió en el siglo XIX, pero su importancia es tal que marca la configuración de las urbes en todo el mundo.

    El plástico es dañino para el medio ambiente porque no se degrada: una botella de PET puede tardar más de cinco siglos en descomponerse. Pero, ¿y si se pudiera convertir esa característica nociva en una ventaja? Bajo esa premisa investigadores de la Universidad de Rutgers, en Estados Unidos, han creado un material termoplástico 100% reciclado y reciclable que tiene múltiples usos en construcción. El material se utilizó para construir el puente de plástico reciclado más largo del mundo en el condado de Peeblesshire, en el Escocia.