QUÉ SON LOS MICROPLÁSTICOS

¿Cómo nos afectan los microplásticos?

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Los seres humanos hemos producido 8.300 millones de toneladas métricas de plástico desde 1950. Solo el 9% de los residuos plásticos se recicla y la gran mayoría termina en vertederos y en el medio ambiente, donde se disgrega en micropartículas que contaminan las aguas y el aire, dañan la fauna marina y, en última instancia, son ingeridas por los seres humanos.

Un peso equivalente al de 80 millones de ballenas azules, 1.000 millones de elefantes o 25.000 Empire State Buildings. Esta es la cantidad de plástico que los seres humanos hemos generado desde que comenzó la producción a gran escala de materiales sintéticos a principios de la década de los 50: 8.300 millones de toneladas métricas. Una cantidad suficiente para cubrir Argentina. Son datos del estudio Production, use, and fate of all plastics ever made realizado en 2017 por la Universidad de California en Santa Bárbara, la Universidad de Georgia y la Sea Education Association.

De manera previsible, la producción anual de plástico se ha ido multiplicando con el transcurso de los años, pasando de 2 millones de toneladas métricas en 1950 a más de 400 millones en 2015. Y esta tendencia no parece remitir: de la totalidad de plástico generado entre estas dos fechas por los seres humanos, la mitad fue producida en los últimos años. Y una de las causas principales del incremento imparable en la producción de plásticos es que tienen una vida útil muy breve: la mitad se convierten en residuos después de cuatro años de uso o menos. Aunque lo verdaderamente preocupante es que solo el 9% de esos residuos fue reciclado, mientras que un 12% fue incinerado y un 79% terminó en vertederos y en el medio ambiente.

EL MAR DE PLÁSTICO

Buena parte del plástico que va a parar al medio ambiente lo hace a los mares y océanos. En los últimos años se ha vuelto tristemente famosa la isla de la basura del océano Pacífico, también conocida como el séptimo continente. Se trata de una concentración de desperdicios con un tamaño tres veces mayor al de Francia que flota a la deriva entre California y Hawái, y contiene 1,8 billones de residuos plásticos.

La 'isla de la basura' del océano Pacífico, al detalle.#RRSSLa 'isla de la basura' del océano Pacífico, al detalle.

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El agua, el sol, el viento y los microorganismos van degradando el plástico vertido al océano hasta convertirlo en diminutas partículas de menos de 0,5 centímetros de largo conocidas como microplásticos. Estas partículas son ingeridas por el plancton, los bivalvos, los peces y hasta las ballenas, quienes las confunden con comida. En 2016, un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) informaba de la presencia de microplásticos hasta en 800 especies de peces, crustáceos y moluscos.

LOS MICROPLÁSTICOS QUE CONSUMES A DIARIO

Según investigadores de la Universidad John Hopkins (EE. UU.), cualquier europeo que consuma marisco de forma habitual ingiere aproximadamente 11.000 microplásticos al año. Pero esto no es todo: a finales de 2018, un estudio de Greenpeace y la Universidad Nacional de Incheon (Corea del Sur) también concluyó que el 90% de las marcas de sal muestreadas a nivel mundial contenían microplásticos. Y además se sabe que el agua del grifo es otra de las fuentes por la que los humanos ingerimos pequeñas partículas de plástico.

Preocupados por estos hallazgos, los científicos han empezado a estudiar el efecto de los microplásticos en el organismo humano. Los plásticos encontrados con más frecuencia fueron el polipropileno y el tereftalato de polietileno (PET), ambos componentes principales de las botellas de plástico y los envases de leche y zumo. Sin embargo, los investigadores reconocieron no poder determinar la procedencia de cada partícula y apuntan a que, probablemente, la comida sea contaminada durante varias etapas del procesado de alimentos o como resultado del empaquetado.

Hasta el momento no se han encontrado evidencias que determinen que los microplásticos representen un riesgo para la salud de los seres humanos. Especialmente en el caso de las partículas grandes, como las halladas en el estudio. En cambio, las partículas pequeñas entrañan más riesgo ya que pueden colarse en el torrente sanguíneo, el sistema linfático y alcanzar el hígado.

SOLUCIONES PARA COMBATIR LOS MICROPLÁSTICOS

Cada vez más países están lanzando políticas para frenar la contaminación por plásticos —más de 60 según un informe de la ONU de 2018—. Reino Unido, EE. UU., Canadá y Nueva Zelanda ya han prohibido la fabricación de productos de cuidado personal que contengan microesferas. Estas diminutas bolas de plástico se encuentran en algunos productos de belleza por sus propiedades exfoliantes. Se calcula que durante una ducha con un gel de baño que contenga microesferas hasta 100.000 bolitas pueden colarse por el desagüe e ir a parar al océano, donde son consumidas por la fauna marina introduciendo sustancias potencialmente tóxicas en la cadena alimentaria.

Por otra parte, Costa Rica anunció en 2017 una estrategia nacional para prohibir todos los plásticos de un solo uso en 2021, reduciendo así la cantidad de estos que van a parar al océano, a ríos o a bosques. En África, Kenia prohíbe desde 2017 la producción, venta, importación y uso de bolsas de plástico, al igual que Ruanda, quien ya las prohibió en 2008. Siguiendo el ejemplo costarricense, la Unión Europea ha alcanzado recientemente un acuerdo provisional para prohibir en 2021 los plásticos de un solo uso para los que haya alternativas asequibles como, por ejemplo, los bastoncillos de algodón, los cubiertos, los platos, los vasos o las pajitas. En el caso de los productos para los que no haya alternativas asequibles, el objetivo es limitar su uso imponiendo tanto un objetivo de reducción del consumo a nivel nacional como obligaciones de gestión y limpieza de residuos a los productores.
 

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