Contaminación acústica
La contaminación acústica, ¿cómo reducir el impacto de una amenaza invisible?
La contaminación atmosférica no es la única que tiene efectos perjudiciales para los seres vivos del planeta. La contaminación acústica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es uno de los factores ambientales que provoca más problemas de salud. Solo en Europa, según la Agencia Europa del Medio Ambiente (AEMA), causa al año 66.000 muertes prematuras y decenas de miles de casos de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2.

Un conductor apretando el claxon de su coche, un grupo de obreros taladrando el suelo, un avión sobrevolando el cielo... Ruido, ruido y más ruido. Las ciudades se han convertido en el epicentro de un tipo de contaminación, la acústica, que, pese a su invisibilidad y a que la crisis del coronavirus la ha reducido hasta el punto de casi añorarla, es terriblemente perjudicial para los humanos. El informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) de 2025
Enlace externo, se abre en ventana nueva. lo atestigua: el ruido causa 66.000 muertes prematuras, 50.000 casos de enfermedad cardiovascular y 22.000 de diabetes tipo 2 en Europa.
Si bien es cierto que las estimaciones globales específicas sobre ruido son aún limitadas, diversos organismos médicos señalan que los factores ambientales –entre los que se encuentra el ruido– tienen un gran peso en las enfermedades cardiovasculares. Así, La Sociedad Europea de Cardiología, el Colegio Americano de Cardiología, la Asociación Americana del Corazón y la Federación Mundial del Corazón han publicado en 2026 un comunicado
Enlace externo, se abre en ventana nueva. en el que alertan de que entre 4 y 6 millones de muertes cardiovasculares al año en el mundo están relacionadas con exposiciones ambientales (aire, ruido, químicos, clima). Esta evidencia sugiere que la contaminación acústica es un factor ambiental desencadenante que contribuye a potenciar los riesgos en la salud.
Además, si es perjudicial para los humanos, también lo es para los animales. Según el servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), la contaminación acústica tiene un gran impacto ambiental y notables efectos adversos en la vida salvaje. De hecho, según los expertos, el ruido puede perturbar los patrones de reproducción, de amamantamiento e, incluso, contribuir a la extinción de algunas especies.
Qué es la contaminación acústica
No todo sonido es considerado contaminación sonora. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como ruido cualquier sonido superior a 65 decibelios (dB). En concreto, dicho ruido se vuelve dañino si supera los 75 dB y doloroso a partir de los 120 db. En consecuencia, este estamento recomienda no superar los 65 dB durante el día e indica que para que el sueño sea reparador el ruido ambiente nocturno no debe exceder los 30 dB.
Causas de la contaminación acústica
La contaminación acústica puede proceder de múltiples fuentes, pero a continuación repasamos las principales:

Consecuencias de la contaminación acústica
El ruido excesivo y constante, más allá de los lógicos efectos negativos sobre la audición —tinnitus o sordera—, puede provocar otros problemas en la salud humana, especialmente entre los más jóvenes y los más mayores. A continuación, repasamos los principales:
Cómo contaminamos el medio ambiente
Pequeñas acciones diarias que contaminan el medio ambiente y (quizás) no lo sabías.
Contaminación del suelo
Sus efectos sobre nuestro futuro y qué podemos hacer para reducirla.
Contaminación del agua
La contaminación del agua: cómo no poner en peligro nuestra fuente de vida.
Contaminación digital
La sostenibilidad digital como solución para reducir nuestro impacto ambiental.
Soluciones para reducir la contaminación acústica
Organismos internacionales como la OMS coinciden en señalar que la concienciación de la ciudadanía es fundamental para vencer a este enemigo invisible. Por ejemplo: realizar actividades de ocio sin generar ruido excesivo, evitar el uso del coche y optar por alternativas como la bicicleta o el coche eléctrico, realizar obras domésticas en los horarios recomendados, aislar los hogares con materiales absorbentes de ruido, etc. Para ello, también se vuelve fundamental promover la educación ambiental entre los más pequeños.
Las administraciones también pueden tomar medidas para una adecuada gestión ambiental del ruido que contribuya a reducir la contaminación auditiva. Por ejemplo: proteger determinadas zonas —áreas de campo, espacios de interés natural, parques urbanos, etc.— del ruido, establecer normativas que contemplen medidas preventivas y correctivas —distancia obligatoria entre zonas residenciales y focos de ruido como los aeropuertos, multas para aquellos que superen los límites de ruido, etc.—, aislar acústicamente los edificios de nueva construcción, crear zonas peatonales con horarios de circulación restringidos para la carga y descarga de mercancías, sustituir el asfalto habitual por otros más eficaces que reducen hasta 3 dB el ruido de la calle, entre otras.








