Entrevista a José Manuel Broto

"Los artistas suelen comenzar su carrera sin medios, así que saben lo que es trabajar en épocas de escasez"

Sociedad Arte Entrevistas

 

Junio de 2020.    Tiempo de lectura: 7 minutos

José Manuel Broto busca emocionar a través del color, un elemento central en sus obras que, ahora que corren tiempos oscuros, puede servir de bálsamo, de impulso, de fuerza. El pintor zaragozano parece vislumbrar que esos tiempos se avecinan también para los artistas, pero apunta que las adversidades nunca han sido una barrera para la creación artística.

José Manuel Broto, artista presente en la colección Iberdrola, en su estudio-taller.
José Manuel Broto, artista presente en la colección Iberdrola, en su estudio-taller.

José Manuel Broto (Zaragoza, 1949) Enlace externo, se abre en ventana nueva. sintió la pulsión del arte muy pronto y, en concreto, del abstracto. Desde ese momento, su carrera se ha movido en esos terrenos hasta convertirse, previo paso por el vanguardista Grupo Trama y por ciudades como Barcelona o París, en un referente —Premio Nacional de Artes Plásticas de España en 1995— que ha expuesto en ciudades como Nueva York, Tokio, Ámsterdam o Helsinki. En esta entrevista, repasa su dilatada trayectoria y nos deja varias lecciones sobre el mundo del arte por el camino.

Usted ha pintado, como aquel que dice, desde siempre —sus padres eran aficionados a la pintura—, pero en su juventud su ciudad natal, Zaragoza, no destacaba por una pujante oferta cultural. En ese ambiente, ¿cómo surge y cómo cultiva su interés por un tipo de arte como el abstracto?

En los años sesenta en Zaragoza no había grandes centros culturales, como museos a los que llegaran las grandes exposiciones que sí podían verse en Madrid o Barcelona, pero sí había una considerable vida cultural: galerías de arte, salas de concierto, numerosos cines, algún buen teatro, bibliotecas, y bastantes intelectuales y artistas muy activos que conseguían mantenerse al corriente de lo que pasaba en el mundo del arte y de la cultura. El Grupo Pórtico, que trascendió el ámbito puramente local o regional, es un ejemplo. Este grupo de artistas aragoneses fue de los primeros abstractos en exponer públicamente sus trabajos allá por los años cuarenta y cincuenta, ¡un auténtico acontecimiento para la época! En casa tenía el referente de mis padres que eran aficionados a la pintura —se conocieron en la Escuela de Artes y Oficios—, así que dedicarme a pintar fue algo natural y ya de adolescente lo que me más interesaba dentro del arte eran las corrientes actuales, como la abstracción.

Ya de adolescente lo que más me interesaba dentro del arte eran las corrientes actuales, como la abstracción

A los 20 años abandona Zaragoza y recala en Barcelona, donde conoce a artistas como Antoni Tàpies, ¿qué huella dejó en usted aquella época y el artista barcelonés?

En 1972 Barcelona era la ciudad más moderna y cosmopolita de España, había una gran oferta cultural y era un hervidero de artistas e intelectuales que desarrollaban ideas y tendencias vanguardistas. También era una ciudad acogedora en la que gentes venidas de todas partes se sentían como en casa. Los artistas nos veíamos en las galerías, que eran lugares de debate y, a veces, también de confrontación. A poco que uno tuviera algo que ofrecer, todo llevaba a crecer y desarrollarse. En ese contexto tuve la suerte de conocer y frecuentar a Tàpies, que se interesó por el Grupo Trama y nos ayudó a entrar en su galería, la Maeght. Mantuve amistad con él muchos años y quizás lo que más me marcó fue su independencia y la libertad con la que utilizaba en sus obras recursos diferentes a los tradicionales —cuerdas, clavos, cemento, cartones, arpilleras, vajillas— que integraba en obras hermosísimas.

El color es un elemento estructural en sus obras, ¿qué sensaciones pretende suscitar en aquellos que las observan con esas características explosiones cromáticas?

Efectivamente, para mí el color es el motor que impulsa la construcción de mis cuadros, no es ilustrativo ni decorativo, es su fundamento. Me gustaría emocionar a quien ve mis obras de la misma manera que a mí me emocionan otras.

Usted formó parte del Grupo Trama, un colectivo de intervención política artística, literaria y crítica a mediados de los 70. ¿Se echan en falta hoy movimientos vanguardistas de ese tipo? 

Sí, por supuesto que se echan en falta. El Grupo Trama está tan ligado a mi juventud y a un momento de tanta intensidad y energía que no añorarlo sería como no añorar una maravillosa época de mi vida.

Casi medio siglo después, ¿cuál es el legado de aquel Grupo Trama que llegó a estar entre lo más novedoso y radical de las vanguardias de entonces?

El Grupo Trama compartía las teorías del grupo francés Suport Surface, cuya base era el marxismo y el psicoanálisis. No eran ideologías simples, ni fáciles de entender ni de aplicar, y el grupo le dedicó muchas horas de estudio y trabajo. A cambio, al menos en mi caso, me permitió asumir en nombre propio la explicación y defensa de mi trabajo, la pintura. Es cierto que la carga teórica e ideológica no era visible tal cual en las obras, pero allí estaba de la misma forma que una obra de Bach posee una gran complejidad invisible.

Que el mercado desaparezca por falta de clientes no significa que la creación artística se detenga

¿Se imaginaba por aquel entonces que su obra llegaría a ciudades como Nueva York, París —dónde vivió alrededor de 20 años—, Tokio, Ámsterdam o Helsinki?

La verdad es que desearlo lo deseaba, pero tenía muchas dudas de que fuera a ocurrir. Eso de exponer es tan aleatorio y tan poco previsible que cualquier cosa es posible.

Ha trabajado en diversos lugares —Barcelona, París, Mallorca—, pero siempre ha defendido el valor de su estudio. ¿Es más importante para usted lo que está dentro de su estudio que el entorno?

A veces es difícil delimitar donde empieza el estudio y acaba el entorno. En todo caso, lo que determina mi trabajo es lo que hay dentro de mi cabeza, que funciona como un filtro del mundo.

De sobra conocida es su pasión por la música, ¿qué le debe su arte a ella? Si tuviera que elegir los tres compositores que más han influenciado en su obra, ¿cuáles serían?

La música es la más abstracta de las artes, es elegante y capaz de suscitar emociones profundas de una forma inmediata y a veces devastadora; es todo lo que me gustaría que fuera capaz de hacer la pintura. Por eso me fascina y no puedo vivir sin ella. Los músicos me producen una gran envidia: Bach, Messiaen, Glass, etc.

Me gustaría emocionar a quien ve mis obras de la misma manera que a mí me emocionan otras

Iberdrola posee una amplia colección e impulsa el arte a través de diversas iniciativas, ¿son las grandes empresas los mecenas del siglo XXI? ¿Hasta qué punto es importante su aportación?

Por supuesto, en cualquier lugar del mundo, y España no es una excepción, las empresas han sido grandes clientes del arte. No cabe duda de que la compra de obras de arte es lo que permite seguir trabajando a los artistas, aunque eso no signifique que cuando el mercado desaparece por falta de clientes la creación artística se detenga. Los artistas suelen comenzar su carrera sin medios, así que saben lo que es trabajar en épocas de escasez.

La colección Iberdrola ha prestado su obra La vida de las piedras (2006) a la muestra expuest

Cuando empiezo a pintar un cuadro tengo una vaga idea de lo quiero que salga. A veces el resultado es algo muy distinto que no me gusta y destruyo, a veces el resultado es distinto pero me convence y abre nuevas vías de trabajo, y a veces, no muchas, el brazo se mueve solo siguiendo el plan que le dicta el cerebro y el cuadro sale casi de un tirón; este es uno de esos casos. Es un cuadro de colores intensos con un fondo amarillo brillante, color arriesgado, en el que se incrustan esas formas curvas multicolores que se parecen a las incrustaciones también multicolores que aparecen en las piedras. Al ser formas curvas que exceden los límites de la tela dan idea de movimiento, como si estuvieran vivas, y de ahí su nombre.

a en el Museo de la Casa de la Moneda de Madrid, ¿podría presentarnos esta obra?

Usted es uno de los artistas aragoneses más importantes del siglo XX. Aunque sus obras son muy diferentes, ¿hay algo del aragonés universal por antonomasia, Francisco de Goya, en José Manuel Broto? 

Posiblemente la independencia y la tozudez, virtudes muy aragonesas ellas.