Fenómenos meteorológicos extremos
¿Qué son los fenómenos meteorológicos extremos y por qué no cesan de aumentar?
En las últimas décadas, los fenómenos meteorológicos extremos han aumentado en frecuencia, intensidad y duración en muchas regiones del mundo. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el calentamiento global provocado por la actividad humana está incrementando la probabilidad de que se produzcan episodios extremos como olas de calor, sequías, lluvias torrenciales o ciclones tropicales.






En el verano de 2021, a una ola de calor extrema en el Mediterráneo oriental —las temperaturas rondaron los 47 ºC en Grecia durante varios días— le sucedió una ola de incendios que arrasó miles de hectáreas. Las devastadoras imágenes recordaron a aquellas que solo un año antes se produjeron en Australia. Y es que en los últimos tiempos los desastres a causa de fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más habituales, ya sea en forma de olas de calor, inundaciones o sequías.
El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos
¿Por qué los fenómenos meteorológicos extremos no dejan de aumentar? El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) tiene claro el motivo y en sus informes de evaluación más recientes, volvió a señalar al cambio climático. Por ende, también responsabilizó a los seres humanos, culpables del incremento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que a su vez inciden en un aumento de la temperatura global.
El grupo de expertos alerta que, de no reducirse las emisiones de CO2 durante las próximas décadas, el aumento de las temperaturas a nivel mundial superará el umbral establecido en el Acuerdo de París. Como consecuencia, los fenómenos meteorológicos extremos continuarán proliferando, el hielo del Ártico disminuirá —por ejemplo, el de banquisas o glaciares—, el nivel del mar subirá y la pérdida de biodiversidad será inevitable. Así resumía la situación Antonio Guterres, secretario general de la ONU: "Las campanas de alarma son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable".
Tipos de fenómenos meteorológicos extremos
Los fenómenos meteorológicos extremos pueden agruparse de la siguiente forma:
Eventos compuestos: cuando los riesgos se encadenan
Los fenómenos meteorológicos extremos no siempre ocurren de manera aislada. En ocasiones, dos o más peligros coinciden, se suceden rápidamente o interactúan con condiciones previas que agravan sus efectos. A estas situaciones se las conoce como eventos compuestos.
Por ejemplo, una sequía prolongada puede resecar la vegetación y, si después se produce una ola de calor acompañada de fuertes vientos, el riesgo de incendios forestales aumenta considerablemente. Del mismo modo, unas lluvias intensas pueden provocar inundaciones más graves cuando caen sobre suelos que ya están saturados o cuando coinciden con una crecida de los ríos o una marejada costera.
Estos eventos pueden superar con mayor rapidez la capacidad de respuesta de las poblaciones, las infraestructuras y los ecosistemas, por lo que sus impactos suelen ser más graves que los ocasionados por cada fenómeno por separado. Por esta razón, la prevención debe tener en cuenta no solo cada riesgo individual, sino también las posibles interacciones entre ellos.
Fenómenos meteorológicos extremos
Los fenómenos meteorológicos extremos tienen graves consecuencias, tanto en la vida humana como en la animal. A continuación, repasamos algunas de ellas:
Estas consecuencias se traducen, en la mayoría de los casos, en fuertes pérdidas humanas y económicas. Según el Índice de Riesgo Climático 2021 elaborado por la organización Germanwatch, ocho de los diez países más afectados por estos fenómenos tienen ingresos bajos. En ese sentido, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que, para el año 2030, adaptarse al cambio climático y hacer frente a los daños costará a los países en desarrollo entre 140.000 y 300.000 millones de dólares al año. Además, estos hechos también afectan a la biodiversidad de los ecosistemas, poniendo en peligro a numerosas especies.
Ejemplos de fenómenos meteorológicos extremos
Durante los últimos años, los fenómenos meteorológicos extremos han proliferado azotando diferentes lugares del mundo. Entre los más recientes, además de los ya mencionados incendios que asolaron el Mediterráneo oriental, podríamos citar:
- Inundaciones en la Comunidad Valenciana (España). En octubre de 2024, una DANA provocó lluvias torrenciales e inundaciones repentinas en la provincia de Valencia y otras zonas del este peninsular. El episodio causó cientos de víctimas mortales, importantes daños materiales y puso de manifiesto la vulnerabilidad de las zonas urbanas frente a las precipitaciones extremas.
- Inundaciones en Rio Grande do Sul (Brasil). Entre abril y mayo de 2024, las lluvias persistentes provocaron las peores inundaciones registradas en el estado brasileño en más de ocho décadas. Miles de personas tuvieron que ser evacuadas y numerosas infraestructuras quedaron gravemente afectadas.
- Huracán Beryl en el Caribe y Norteamérica. En 2024, el huracán Beryl se convirtió en el huracán de categoría 5 más temprano registrado en el Atlántico. Su rápida intensificación y su impacto sobre varias islas del Caribe y el sur de Estados Unidos evidenciaron el elevado potencial destructivo de los ciclones tropicales más intensos.
- Olas de calor récord. Durante los últimos años se han registrado temperaturas excepcionalmente elevadas en Europa, Norteamérica y Asia, con nuevos récords térmicos, un aumento de los incendios forestales y efectos significativos sobre la salud pública, la agricultura y los recursos hídricos.
- Sequías prolongadas. Regiones como el Mediterráneo, el oeste de Estados Unidos o el Cuerno de África han experimentado periodos prolongados de escasez de precipitaciones que han afectado al abastecimiento de agua, la producción agrícola y la conservación de los ecosistemas.
¿Cómo prepararse frente a los fenómenos meteorológicos extremos?
Aunque no es posible evitar que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos, sí es posible reducir sus riesgos mediante una adecuada planificación y prevención. Tanto las administraciones como la ciudadanía desempeñan un papel clave para minimizar sus consecuencias y proteger a las personas, los bienes y el entorno.
Prepararse con antelación no impide que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos, pero sí contribuye a reducir sus impactos sobre las personas, las infraestructuras y el medio ambiente.
Iberdrola y la resiliencia climática: anticipar, adaptar y proteger las infraestructuras
Los fenómenos meteorológicos extremos también representan un riesgo para las infraestructuras energéticas. Las tormentas, los fuertes vientos y las nevadas pueden dañar las líneas eléctricas; las lluvias torrenciales y las inundaciones pueden afectar a subestaciones y centros de transformación; y las temperaturas extremas o los incendios pueden dificultar el funcionamiento de las instalaciones. Al mismo tiempo, la creciente electrificación de la sociedad hace que garantizar la continuidad del suministro sea cada vez más importante.
En Iberdrola incorporamos los riesgos climáticos a la planificación, el diseño y la operación de nuestras infraestructuras. Entre las medidas adoptadas se encuentran la digitalización y automatización de las redes, el soterramiento de líneas en zonas especialmente expuestas, la gestión de la vegetación situada junto a los tendidos eléctricos y la utilización de materiales y diseños más resistentes a las altas temperaturas, las inundaciones y los incendios.
También empleamos sistemas predictivos y de monitorización. Herramientas como Meteoflow permiten anticipar determinados fenómenos meteorológicos y organizar previamente los recursos humanos y técnicos, mientras que el sistema Domina ayuda a detectar posibles fallos y mejorar la respuesta ante las incidencias. A estas herramientas se suman los planes de emergencia, los sistemas de alerta temprana y las inspecciones mediante drones y tecnología LIDAR.
Estas actuaciones muestran que la resiliencia climática no consiste únicamente en reparar los daños después de un desastre. También requiere anticipar los riesgos, adaptar las instalaciones y disponer de sistemas capaces de mantener o recuperar rápidamente servicios esenciales. En el sector eléctrico, esta preparación resulta fundamental para proteger a la población y evitar que un fenómeno extremo desencadene interrupciones prolongadas en hospitales, transportes, comunicaciones, hogares y empresas.















