ENTREVISTA A DANIEL CANOGAR

"El arte es un barómetro emocional que mide el momento en el que estamos"

#arte #sociedad #ocio

Las obras de Daniel Canogar consiguen captar la atención del público y provocar una reflexión. Y eso que, como él mismo asegura, "vivimos perpetuamente distraídos". Nuestra experiencia cotidiana con la tecnología, desde la sobreinformación hasta la obsolescencia, es la materia prima de la que se nutre su arte.

A Daniel Canogar (Madrid, 1964) le obsesiona el impacto de la tecnología sobre el ser humano y su forma de estar en el mundo. Como él mismo reconoce, su relación con ella es contradictoria: “En mi día a día soy tecnófilo, pero cuando pienso en cómo está cambiando la sociedad me vuelvo tecnófobo”. Quizás por ello, este artista multidisciplinar —fotografía, vídeo, instalación— utiliza su obra como una herramienta para procesar los cambios tan veloces que sufre la sociedad actual.

Considerado como uno de los mayores artistas a nivel internacional en el campo del arte tecnológico —ha expuesto en el Reina Sofía de Madrid o en el Museo de Historia Natural de Nueva York—, nos invita a hacer una reflexión profunda sobre hacia dónde vamos.

Actualmente, el mundo cambia a velocidad de vértigo de la mano de la tecnología. ¿Cómo influye esto en tu obra?

Mi obra es como una herramienta que me ayuda a procesar estos cambios tan veloces. Mi proceso artístico me ayuda a comprender mejor estos cambios y a saber cómo situarme ante ellos.

En este contexto, lo que hoy es novedad mañana puede estar obsoleto. ¿Esa fugacidad explica la época en que vivimos? ¿Cómo afecta esto al arte?

La obsolescencia acelerada es un gran paradigma económico de nuestros tiempos. Es indicativo de nuestro miedo a envejecer y a la muerte. El coste medioambiental de esto es muy elevado y estamos llegando a un punto en el que tenemos que hacer una reflexión profunda sobre hacia donde vamos. En ese sentido, el arte es un barómetro emocional que mide el momento en el que estamos.

¿Debería protagonizar más reflexiones, dilemas y debates la evolución de la tecnología? ¿Hay que pararse a pensar hacia dónde nos dirigimos?

Sería útil que cambiáramos el chip en relación con la tecnología siendo menos consumidores y haciendo más bricolaje tecnológico reciclando lo que ya tenemos en nuestras manos.

¿Cómo es tu experiencia diaria con la tecnología? ¿Te situarías más cerca de la tecnofilia o de la tecnofobia?

En mi día a día, soy tecnófilo. Pero cuando pienso en la tecnología y en cómo está cambiando la sociedad, me vuelvo tecnófobo. Soy contradictorio, claramente.

En una entrevista pronunciaste la siguiente frase: “No estamos hechos para el mundo que hemos creado”. ¿Podrías explicarla?

La tecnología se nos ha ido de las manos. Por eso es importante que la hagamos nuestra y la incorporemos a nuestra dimensión humana. Si no, se volverá en nuestra contra.

Hoy en día recibimos miles de estímulos y el arte exige pararse a contemplar. ¿Cómo afrontas el reto de captar la atención del público y qué tipo de reacciones pretendes provocar?

Estar atentos a nuestro entorno es uno de los grandes placeres que podemos experimentar. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que estamos perpetuamente distraídos. Mi obra artística quiere atrapar la mirada del público para que posteriormente pueda hacer una reflexión sobre ella.

Existe una sobreexposición a las pantallas, pero en tu obra —por ejemplo, en Fluctuaciones— las utilizas. ¿Por qué apuestas por este soporte?

En lugar de evitar las pantallas, prefiero usarlas para, precisamente, hacer una reflexión sobre su sobreexposición en nuestra vida cotidiana. El mundo del arte vive muy de espaldas al arte tecnológico, pero empieza a haber oportunidades de arte público para los artistas que trabajamos con tecnología.

Tu obra Ráfagas se compone con palabras procedentes de los principales acuerdos internacionales contra el cambio climático. ¿Crees que el arte es un buen medio para concienciar sobre la fragilidad y la sostenibilidad del planeta?

Aparte de concienciar, creo que el arte puede aportar complejidad en la forma de reflexionar sobre distintos temas. En Ráfagas, por ejemplo, además de sobre mis preocupaciones medioambientales, medito sobre el peso de la palabra y de la ley, y sobre cómo los vientos políticos del momento se las están llevando.

¿Cómo afecta a nuestra memoria, tanto colectiva como individual, el bombardeo de información al que estamos sometidos?

¡La mía sin duda ha quedado seriamente perjudicada! Conseguir aislarnos del bombardeo para no olvidar quiénes somos es uno de los grandes retos del momento.

Madrid y Nueva York son, seguramente, las ciudades que más te han influenciado. ¿Hay algo de su idiosincrasia en tu obra o la globalización ha acabado con ello?

Ambas ciudades me han formado como artista, pero me cuesta ver qué protagonismo han tenido específicamente en mi obra.

¿Quiénes son tus fuentes de inspiración?

El sociólogo Zigmunt Bauman, el artista japonés Rioji Ikeda y prácticamente cualquier cineasta de autor.


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