El plástico en los océanos

El plástico en los océanos, un problema que llega a lo más profundo

Naturaleza Acción social

El plástico ha llegado al punto más hondo del planeta, un lugar —el abismo Challenger— situado a 11.000 metros de profundidad al que casi ni el hombre llega. Este descubrimiento es la mejor prueba de la magnitud del problema y de que ha llegado el momento de tomar conciencia y hacer todo lo posible para revertir la situación.

plastico abismo
La expedición del estadounidense Victor Vescovo descubrió este mismo año restos de plástico en el abismo Challenger.

El plástico flota a lo largo y ancho de los mares del mundo.  De hecho, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2026, el océano recibe cada año 11 millones de toneladas de plástico y, para 2040, se estima que podría alcanzar los 37 millones. Una cifra alarmante que podría destruir por completo a los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria. Ahora, esta contaminación también ha alcanzado las profundidades del océano. Un claro ejemplo: en el punto más hondo del planeta, el conocido como abismo Challenger —situado a 10.928 metros de profundidad—, la expedición del multimillonario estadounidense Victor Vescovo descubrió en 2019 envoltorios de caramelos y una bolsa de plástico. ¿Cómo llegaron hasta ahí? ¿Podemos hacer algo para evitarlo? Las preguntas ante este drama medioambiental se agolpan.

El impacto actual del plástico en los océanos

El impacto actual del plástico en los ecosistemas es una de las grandes crisis del presente siglo. Cada año siguen entrando enormes cantidades de plástico al mar, mientras la producción global continúa creciendo hasta llegar a las 430 millones de toneladas en 2024, de las cuales un gran porcentaje termina acumulándose en costas, aguas y fondos marinos. Esto conlleva daños directos sobre la fauna, desde asfixia hasta alteraciones en hábitats, representando un peligro de salud pública mundial.

Ante ello, la presión regulatoria internacional se ha intensificado en los últimos años. A partir del 2023, la Unión Europea aplica restricciones a los microplásticos añadidos de forma intencional, y en paralelo siguen las negociaciones en Naciones Unidas para un tratado global contra la contaminación por plásticos, demostrando que el problema se ha convertido en una prioridad de política pública internacional.

Actualmente, el debate ha centrado la atención en los microplásticos, ya que su tamaño facilita la dispersión y entrada en la cadena alimentaria. La evidencia reciente insiste en que no se trata solo de basura visible: son partículas persistentes con impacto en la biodiversidad y con potenciales efectos sobre la salud humana.

Estas partículas se originan a partir del plástico que, después de tirarse y no reciclarse, no es reutilizado. Estos residuos terminan desplazándose a los mares, donde las olas y el viento los erosionan hasta convertirlos en fragmentos diminutos. 

Estos residuos, aunque no los veamos, se encuentran dispersos en el mar y dentro de los organismos de las especies marinas que muchas veces consumimos. Dentro de estos fragmentos, podemos diferenciar a los nanoplásticos, fragmentos de plástico extremadamente pequeños con un tamaño de menos de 100 nanómetros, los microplásticos, con un tamaño menor a 5 milímetros, y los macroplásticos, desechos visibles a simple vista. Esta contaminación es ya una realidad y, en muchos países, ha generado que ríos y mares sean altamente tóxicos. Según las Naciones Unidas, se calcula que cada habitante del planeta consume más de 50.000 partículas de plástico al año, y muchas más si se tiene en cuenta la inhalación, significando un peligro no solo para los ecosistemas, sino también para la salud de todas las personas. El daño, por tanto, se da a todos los niveles. Desde la biodiversidad hasta los humanos que consumen alimentos contaminados.

Causas de la contaminación en los océanos

La contaminación por plástico en los océanos se debe a numerosas actividades, tanto de personas y compañías, que terminan por afectar severamente a la biodiversidad de nuestro planeta:

  • Mala gestión de residuos plásticos

    Según la organización ecologista Greenpeace, hoy en día solo el 9% de todo el plástico que hemos producido y consumido hasta la actualidad a nivel mundial se ha reciclado, el 12% se ha incinerado, y la gran mayoría, el 79%, ha terminado en vertederos o en el medio ambiente. 

  • Plásticos de un solo uso

    Bolsas, pajitas, bastoncillos de algodón y envoltorios (más ligeros) vuelan hacia la costa y terminan en el océano, arrastradas por aguas residuales, viento, lluvia y riadas. 

  • Transporte por ríos

    Los ríos, especialmente los grandes y contaminados, arrastran entre 1,1 y 2,4 millones de toneladas de plástico anuales hacia los océanos.

  • Actividades marítimas

    Según un informe de la organización World Wildlife Fund for Nature (WWF) en 2022, cada año en el mundo se pierde, abandona o tira al mar el 6% de todas las redes de pesca usadas, el 8,6% de las trampas y nasas (otros métodos para la pesca), y el 29% de todas las líneas de pesca. Además, vertidos deliberados o accidentales de los barcos son responsables de la muerte de miles de especies cada año. 

  • Desgaste de productos

    Productos como la ropa, neumáticos de los vehículos o pinturas, al desgastarse, liberan nanofibras que, empujadas por el viento, terminan contaminando el ambiente y los océanos. 

abismo challenger

¿Cómo afecta el plástico al mar? Principales consecuencias

Según la organización ecológica Greenpeace, en el mundo se producen 500 mil millones de botellas de plástico al año.. Al deshacernos de estos productos, su destino muchas veces es desconocido. Sin embargo, según esta ONG, los datos no son muy esperanzadores: de todo el plástico producido a nivel mundial,solo un 9% se ha reciclado, el 12% se ha incinerado y el 79% ha terminado en vertederos o, directamente, en el medio ambiente.

Por esa razón, hay que tomar conciencia de las consecuencias de no reciclar nuestros residuos. A continuación, repasamos tres de ellas:

  • Un mar invadido por el plástico

    Según el Parlamento Europeo, en 2018 los océanos albergaban ya más de 150 millones de toneladas de residuos plásticos. Y las perspectivas, si la tendencia no se revierte, son pesimistas: en 2050, según una estimación de la Fundación Ellen MacArthur —organización benéfica especializada en economía circular—, los océanos podrían contener más plásticos que peces.

  • Pérdidas e inversiones millonarias

    Los sectores dependientes del mar, como la pesca y el turismo, sufren pérdidas multimillonarias por la extinción de la biodiversidad marina producto de la contaminación, además de los gastos derivados de la limpieza de costas y playas.

  • Presencia de microplásticos en la cadena alimentaria

    El plástico presente en los océanos va descomponiéndose en microfragmentos que son ingeridos por la fauna marina, lo cual provoca que estos se introduzcan en nuestra alimentación con consecuencias aún desconocidas para la salud humana. En 2016, según un estudio de la FAO, hasta 800 especies de moluscos, crustáceos y peces ya sabían lo que era comer plástico.

Soluciones para proteger los océanos

Los océanos atraviesan una crisis sin precedentes por el cambio climático, la sobrepesca, la contaminación —donde entran los plásticos— y la destrucción de los hábitats marinos. Estos problemas son generados por la acción del ser humano, pero la buena noticia es que la solución está en nuestras manos. La responsabilidad de fabricantes y gobiernos recae en la reducción de su huella de carbono, pero no podemos dejar de lado el papel del consumidor. Cada pequeña acción, como, por ejemplo, asegurarse de que los residuos se depositen en el contenedor adecuado, es importante. Los consumidores tienen poder y pueden lograr un impacto global.

En este sentido, hay distintas tareas que las personas, instituciones y gobiernos pueden realizar para contribuir a reducir el plástico en los mares:

  • Personas

    Cambiar el uso de bolsas de plástico por otras reutilizables de tela o fibra, reducir el consumo de vasos, platos, cubiertos o botellas de plástico, o usar recipientes reutilizables para las comidas son solo algunos de los hábitos que debemos adquirir para reducir significativamente nuestra huella de carbono. 

  • Empresas

    Las compañías deben asumir un rol central en la mitigación de la contaminación en el planeta. Por ello, al igual que el Grupo Iberdrola, la reducción de la huella de carbono debe ser uno de los vectores estratégicos. Acciones como la reducción de envases de un solo uso, priorizar el ecodiseño de los productos, integrando criterios sostenibles para alargar su vida útil; seguir un enfoque circular de reducción, utilización y reutilización del plástico; e innovar en tecnologías para reemplazar este producto son soluciones que aportarán a que muchos residuos no terminen dañando nuestra fauna marina. 

  • Gobiernos

    Los gobiernos también tienen la tarea de legislar para poder reducir la contaminación ambiental. Por ejemplo, el Parlamento Europeo ha establecido nuevas normas que hacen frente a los productos plásticos de un solo uso hallados en las costas europeas que, junto a los artes de pesca abandonados, representan el 70% de la basura marina, según la misma institución. Por otro lado, también deben encargarse que los productores de plástico asuman la responsabilidad de sus residuos. En España, una normativa con respecto a este problema ha promovido que estos agentes económicos deban cumplir nuevas obligaciones en la gestión de residuos de envases. Además, los Estados también deben trabajar en mejores infraestructuras de gestión de residuos, facilitando el reciclaje y restaurando zonas que ya han sido alcanzadas por el exceso de plásticos. 

El papel de Iberdrola en la preservación de los océanos 

Desde el Grupo Iberdrola, el impacto positivo en la biodiversidad es uno de nuestros vectores estratégicos y, por ello, hemos puesto en marcha distintas iniciativas para proteger a nuestros ecosistemas, tanto terrestres como marinos. 

Estas medidas, integradas en nuestro Plan de Biodiversidad 2030, buscan reducir la huella de carbono mediante una jerarquía de conservación (evitar, reducir, restaurar y compensar impactos) en todas las fases de nuestros proyectos, evitando instalaciones en zonas de alto valor ecológico y restaurando hábitats afectados por la contaminación. Además, realizamos un seguimiento cuantificable de nuestro impacto mediante sistemas de medición que evalúan los efectos sobre especies y ecosistemas a lo largo del ciclo de vida de nuestras infraestructuras. 

Dentro de este plan, se contempla la mitigación de la contaminación de plásticos en los océanos con proyectos como East Anglia One, en donde impulsamos la instalación de dos contenedores flotantes que sirven para recoger el plástico y una parte de los aceites, detergentes o combustibles que flotan en las proximidades del puerto de Lowestoft. Otro proyecto de especial importancia es el Vineyard Wind 1, en donde se desplegaron colchones ecológicos de protección de cables que se diseñaron para crear hábitats más adecuados para la colonización de la flora y la fauna bentónicas, es decir, aquellas especies que viven sobre el fondo del lecho marino. 

Además de realizar proyectos sostenibles, también nos enfocamos en buscar soluciones innovadoras para seguir preservando nuestros ecosistemas bajo el programa de start-ups PERSEO, un programa de innovación abierta con start-ups creado para el desarrollo de tecnologías y modelos de negocio para potenciar la sostenibilidad de la compañía.