ENTREVISTA A GUILLERMO FESSER

"Los niños aprenden que tienen raíces en español y comienzan a apreciarlas y a disfrutar de ellas"

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Periodista y escritor español afincado en Estados Unidos. Antiguo miembro del legendario dúo Gomaespuma, Guillermo Fesser (Madrid, 1960) es el autor de Conoce a Bernardo de Gálvez, el único libro de texto en las escuelas de Estados Unidos que se hace eco de la crucial ayuda de España al ejército de Washington para la consecución de la independencia.

En pocas palabras, ¿quién fue Bernardo de Gálvez?

Cuando los patriotas de las 13 colonias declaran su independencia de Inglaterra, las dos terceras partes del actual territorio de Estados Unidos eran un dominio español llamado Nueva España. La capital, Nueva Orleans, y su gobernador, durante la guerra de independencia, el malagueño Bernardo de Gálvez. Antes de eso, Gálvez había capitaneado los Dragones de Cuera: la primera versión del Séptimo de Caballería de las películas del oeste, que se hizo en español. Los Dragones patrullaban el camino real que iba desde Florida hasta California, defendiendo a los colonos de los ataques de Apaches y Comanches. Se les decía de cuera por el chaleco de siete capas de piel de ciervo con el que se defendían de las flechas. Aunque el combate pueda parecernos hoy muy desigual —los indígenas con flechas y los vaqueros con mosquetes—, entonces había que cargar las armas de fuego con pólvora después de cada disparo y, en ese intervalo de un minuto, a los nativos les daba tiempo a disparar tres flechas.

¿Es verdad que sin la ayuda del ejército hispano liderado por Bernardo de Gálvez Estados Unidos no habría logrado la independencia en 1783?

Cuando los patriotas declaran la guerra a Inglaterra y Escocia tenían un pequeño problema: no disponían de ejército, ni de armamento, ni de medios para fabricarlo. Tampoco tenían dinero para pagar a sus soldados, ni fábrica de moneda para acuñarlo, ni alimentos para la tropa —especialmente ganado que los acompañara y se lo pudieran ir zampando por el camino—. Tampoco contaban con uniformes, ni mantas para abrigarse, ni medicinas para atender a los heridos del conflicto. Y, además, estaban rodeados.

Por mar no podría llegarles ayuda a Washington porque los puertos del Atlántico se encontraban bloqueados por la Royal Navy. Por el norte los ingleses controlaban Canadá. Y por el sur tenían Florida, que la habíamos perdido en la Guerra de los Siete Años. Y, al oeste, los montes Apalaches, con un montón de tribus indígenas dispuestas a luchar contra los invasores europeos, resultaban infranqueables. La única posibilidad era la ayuda de la vecina Nueva España. Nueva Orleans está en la desembocadura del río Misisipi y, por su cauce primero y luego por el del río Ohio, Gálvez envió millares de mantas de Palencia y Zamora, millares de uniformes fabricados en Soraluze (Guipúzcoa), millares de mosquetones y centenares de cañones, millones de dólares españoles y toneladas de medicinas —especialmente quinina de Perú para salvar de la malaria al ejército americano—.

¿Cómo se te ocurrió la idea de escribir un libro infantil sobre Bernardo de Gálvez?

Porque creo que los mayores no están para escuchar monsergas. Hoy les vengo yo con lo de que la ayuda de España fue definitiva y me dicen que sí, que sí, como el abuelo de Mi gran boda griega cuando dice que todo viene de Grecia. En este país todo el mundo vende su historia. Hoy vengo yo, mañana un alemán les cuenta que la hamburguesa es suya y pasado un italiano reivindica que Colón era paisano suyo, pero... al final, se quedan como estaban. Siguen pensando que los angloamericanos son la última Coca-Cola en el desierto.

Pero los niños son distintos. En la escuela, con seriedad, bien explicado en clase a través de mi libro Conoce a Bernardo de Gálvez, que ya ha entrado en el temario de muchos colegios de Estados Unidos, los niños aprenden que tienen raíces en español y comienzan a apreciarlas y a disfrutar de ellas. Para cuando llegue el 250º aniversario de la declaración de independencia, que está a la vuelta de la esquina, mis alumnos habrán crecido con otra mentalidad, sabiendo que sin la contribución de los que hablaron español este país no hubiera sido independiente. A partir de ese momento, quizás los latinos empecemos a ocupar las posiciones de poder que nos pertenecen: somos el 20% de la población, pero se nos niegan.

En el libro también se recoge la historia de Teresa Valcarce. ¿Es cierto que esta española consiguió en 2014 que el cuadro de Bernardo de Gálvez se colgase en el Capitolio, bajo el mandato de Barack Obama?

El libro es en realidad la historia de cómo el Congreso, al conseguir la independencia, prometió colgar un cuadro de Gálvez en la sede de las Cortes como tributo a la contribución de España a la independencia. ¡Pero nunca llegaron a hacerlo! El documento que lo prueba lo encontró en los archivos nacionales de Washington el profesor Manuel Olmedo, lo publicó en el Diario Sur la periodista Regina Sotorrío y Tere, una española residente en Washington, leyó la noticia. Se lo comentó al senador Menéndez, que no tenía ni idea, y este lo colgó en el Senado. Luego Obama le otorgó la ciudadanía estadounidense honorífica.

Yo he preferido contar esta historia para que los niños la sientan más cercana y entiendan que, para ser héroe, no hace falta llevar peluca blanca como Gálvez, que se puede ser una ciudadana corriente como Tere y conseguir que se haga justicia.

¿A qué publico querías llegar con este libro, a los estadounidenses anglosajones o a los latinoamericanos y españoles residentes en Estados Unidos?

Hay dos versiones del libro: la española, para lectura en clases de español de los colegios bilingües de enseñanza elemental, y Get to Know Bernardo de Galvez, que se estudia en clase de historia en la escuela media. Es muy importante que los españoles, hispanos, latinos, como quieran llamarnos, conozcamos nuestra propia historia y nos sintamos orgullosos de nuestras contribuciones. Pero también es fundamental que los que no hablan español la conozcan para que sepan que ni llegamos ayer ni pensamos marcharnos mañana. Que estamos aquí desde antes del principio, que nuestra contribución ha sido decisiva y que pertenecemos a Estados Unidos tan de pleno derecho como el que más.

Los niños no son los mayores fans de las charlas, ¿cómo has conseguido captar su atención y cuál ha sido su respuesta?

En realidad, no les cuento un rollo sobre Gálvez, les explico cómo he hecho yo un libro ilustrado sobre Gálvez, para que ellos puedan hacer, si quieren, su propio libro ilustrado... o su propia película, porque al final un libro ilustrado es un storyboard. Les explico qué pasa si colocas la cámara muy arriba o si la bajas, si aumentas la luz o si ruedas en tinieblas. Les cuento que el skinny face que pueden hacer ellos a sus selfies del móvil ya los hacían los pintores hace cientos de años en sus retratos, cuando le recortaban la nariz a un rey o le aumentaban el tamaño de las perlas del collar a una dama. También les enseño la web que hemos creado con la ayuda de la Fundación Consejo España-Estados Unidos, www.conocegalvez.com, donde tienen un montón de juegos para aprender disfrutando. Y, por el camino, les voy dejando caer que, sin el ejército compuesto por africanos libres, nativos americanos, españoles y criollos que comandaba el general Bernardo de Gálvez todavía estaría Washington intentando ganar a los ingleses.

¿Cómo surgió tu colaboración con Iberdrola?

Resido en Nueva York desde hace 10 años y, desde ahí, le cuento historias a Carlos Alsina en Onda Cero todos los viernes en el programa Más de Uno. Me picó la curiosidad cuando me enteré que se iba a montar la exposición de Recovered Memories en Nueva Orleans con el patrocinio de Iberdrola. La exposición descubría una parte de la historia común de España y Estados Unidos desconocida para mucha gente a ambos lados del Atlántico. Entrevisté al comisario, José Manuel Guerrero, con el que aprendí un montón de cosas nuevas y... luego me llevé la sorpresa de que había incluido mi librito en la exhibición por ser el único libro de texto en los colegios de EE. UU. que explica la contribución española en la Revolutionary War. A partir de ahí estuvimos en contacto y, cuando la exposición se mudó a Washington, me pidió si podía contribuir a dar charlas a los colegios que acudían a visitarla. Y aquí estoy, pegándome una paliza magistral, pero por una causa que merece muchísimo la pena. Cada vez que un alumno latino entra apenado, sintiéndose ciudadano de segunda por todo lo que oye, pero sale de mi presentación sacando pecho, esa noche me voy a la cama feliz.

Llevas muchos años viviendo en Estados Unidos, concretamente en el estado de Nueva York. ¿Qué opinión se tiene allí de España?

España les encanta a los estadounidenses. Está vendida. Sold out. Solo hablan maravillas de España y de los españoles. Les gusta todo: la gastronomía, el clima, la historia, la amabilidad de la gente... Lo que les confunde es que, cuando van a comprar el ticket, en lugar de una taquilla de España se encuentran 27. Uno que le dice, "ah no, nosotros solo vendemos morcilla de Burgos"; otro que le dice, "ah no, nosotros solo somos Barcelona"; otro, "nosotros solo vendemos vino de Madrid". La famosa Marca España... No necesitamos ningún genio pensante que venga a inventarla, porque la hemos inventado los españoles solitos. Lo que hace falta es que aprendamos a venderla juntos, que perdemos el tiempo en vender trocitos.

¿Cuentas con planes para seguir promocionando la cultura hispánica en Estados Unidos?

Tengo una lista de espera de colegios de todos los rincones del mapa de Estados Unidos. Mi objetivo ahora es que los propios centros y profesores conozcan la web y puedan trabajar el temario en clase sin necesidad de mi presencia física. Me encanta viajar, pero no puedo estar, como ahora, casi un mes y medio sin pisar mi casa.

En cualquier caso, tengo la idea de escribir un nuevo libro contando la historia del burrito zamorano, Regalo Real, que el rey Carlos III le mandó a Washington y que, tras cruzarlo con una yegua, es el origen de las famosas mulas estadounidenses que hoy, por ejemplo, son el símbolo del bourbon de Kentucky y se convirtieron en leyenda durante la Primera Guerra Mundial.
 

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