Saskia Sassen

SASKIA SASSEN

4 Jun, 2020

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LA CIUDAD
Y EL VIRUS

Cada vez estamos más concienciados del cambio climático, así como de la fragilidad que las ciudades han manifestado de manera creciente en diversas partes del mundo. Las inundaciones, la superpoblación, el reto de garantizar alimentos para las ciudades, la desertificación, entre otras cuestiones, han surgido como actores visuales en un amplio espectro de debates.

Y los retos a los que nos enfrentamos y que dificultan el cambio no giran únicamente en torno a que los hogares dispongan del dinero para comprar las herramientas necesarias, sino que también tienen que ver con la expansión de las zonas urbanas donde no hay suficientes alimentos cerca y se tarda una hora en llegar hasta un vendedor. Quizás las ciudades europeas sean una excepción en tanto en que tienden a ser pequeñas y llevan mucho tiempo asegurándose de que se cultivan algunos alimentos en las ciudades. Esto resulta mucho más difícil en las grandes ciudades del continente americano y de gran parte de Asia, en las que la alimentación en todas sus dimensiones normalmente está en manos de grandes empresas.

Y sin embargo... Las ciudades son la clave para cambiar la forma de gestionar esta nueva era que ya ha comenzado, aunque no siempre seamos conscientes de ello. No es fácil detectar que se ha producido una profunda transformación al lidiar con sistemas complejos a los que el ciudadano medio tiene poco acceso y sobre los que apenas tiene conocimiento. Las ciudades son uno de los lugares más directos para el cultivo de alimentos, evitando el transporte de los mismos y que los camiones los traigan de regiones lejanas. En la actualidad, el tiempo se ha convertido en lo esencial. Tenemos que movernos mucho más rápido de lo que lo hacemos ahora si queremos cambiar algunas de las características fundamentales del periodo actual.

Debemos recuperar el papel fundamental que desempeña el espacio urbano en el desarrollo de formas alternativas de garantizar la vida y la alimentación. Y si queremos desarrollar, al menos, algo de todo esto en las ciudades, vamos a tener que luchar contra algunas grandes empresas. En otros lugares he llevado a cabo un análisis del papel tan importante que desempeñan las calles en la creación de relaciones sociales de todo tipo, así como de la comodidad que conlleva la confianza. Tendremos que reforzar estas condiciones y opciones.

Tenemos que movernos mucho más rápido de lo que lo hacemos ahora si queremos cambiar algunas de las características fundamentales del periodo actual

Lo que la calle aporta a este tipo de proyecto es un mínimo respeto y aprecio por los demás (véase p.ej. "The Global Street: Making the Political". Globalizations 8 (5), 2011:573-579)

La crisis del coronavirus que estamos atravesando se ha convertido, por sí misma, en una poderosa voz. No nos ha pedido nada, excepto un pedazo, un pedacito de nuestra sangre. Y por ese pedacito estamos pagando un precio muy alto, en el peor de los casos, el precio de nuestra capacidad para sobrevivir. Este actor invisible, que no hace ningún ruido perceptible por los humanos, que no nos deja rasguños en las piernas ni en los brazos, sin embargo, puede matar y matará a una parte nada despreciable de las personas que vivimos hoy en día. En efecto, esto repercute en un mundo más grande que hace que la agresión en las ciudades sea más visible.1

La presencia actual del coronavirus se percibe como si no nos quedara un lugar hacia el que correr. Y no podemos escapar

Durante siglos, hemos protagonizado grandes migraciones para escapar de condiciones negativas y encontrar mundos mejores. La actual presencia del coronavirus se percibe como si no nos quedara un lugar hacia el que correr. Y no podemos escapar. La única opción que nos queda es permanecer en espacios rodeados de muros y de ventanas que podamos cerrar.

Y, sin embargo, se trata de una afección temporal, aunque sea recurrente. La mayoría de los seres humanos en los que el virus ha penetrado han sobrevivido, pero muchos a duras penas. Y demasiados han perdido la vida.

Pero el hecho de que la mayoría de nosotros haya sobrevivido sí que importa. Importa no solo porque nos dice que podemos sobrevivir. Sino también porque su presencia y su incapacidad para matarnos a la mayoría de nosotros resultan significativas. Y nos dice que tenemos la posibilidad de sobrevivir al virus, pero esta posibilidad debemos crearla y desarrollarla. No nos va a caer del cielo lista y preparada para defendernos. Tenemos que protegernos y, siempre que podamos, tenemos que avisar o ayudar a aquellos que estén en riesgo y no lo sepan. No podemos actuar de manera inconsciente.

Un mensaje que este virus nos manda es que no podemos seguir organizando nuestras ciudades como lo estamos haciendo ahora. Y esto puede que sea especialmente aplicable en el continente americano y en Asia, con sus grandes tramos de autopistas e ingentes cantidades de automóviles, lo que dificulta que los residentes puedan ir caminando a los lugares a los que necesiten acceder. Las ciudades europeas por lo general son mucho más pequeñas y más manejables... Pero son la excepción en nuestro mundo actual en lo que se refiere a grandes ciudades. Y esto se debe en buena parte a que se originaron a partir de una época anterior en la que la autosuficiencia era un objetivo importante y reconocido y una opción, aunque fuese parcial.

Necesitamos construir muchas ciudades nuevas que tengan un tamaño razonable y que faciliten la vida de los residentes en lugar de forzarlos a realizar desplazamientos tan largos. Necesitamos lo que tienen las ciudades europeas: pequeños huertos donde se puedan cultivar algunos productos básicos (verduras) fácilmente. Y necesitamos priorizar el bienestar de todos en lugar de favorecer la creación de riqueza en forma de escándalos económicos a los que nos enfrentamos cada vez más. No podemos reducir las ciudades al estatus de máquinas de hacer dinero, que es precisamente lo que hoy en día está sucediendo con muchas de nuestras grandes ciudades.

En conclusión, debemos preguntarnos ¿qué se puede hacer para crear resiliencia en las ciudades? ¿Hay razones para abandonar ciertas zonas en lo que se ha denominado "retiro climático estratégico"? ¿Qué repercusiones podría tener esto en las corrientes migratorias?

Debemos tomar conciencia de que la realidad ha cambiado. Creo que existen cada vez más entidades (universidades, gobiernos municipales, organizaciones de jóvenes estudiantes, y muchas más) que ahora se dedican al desafío medioambiental y a la necesidad de justicia social, cuestiones con las que están profundamente comprometidas. Las ciudades son, verdaderamente, un factor importante en nuestro mundo actual, y son fáciles de criticar: las nuevas generaciones están comprometidas con la situación urbana de una manera en que nosotros, las generaciones más mayores, no lo estuvimos. Esto apunta hacia un compromiso mucho más sólido con el entorno inmediato en el que vivimos y en el que podríamos marcar la diferencia. Y también promete una orientación mucho más marcada hacia el mundo y las consiguientes y diferentes necesidades y obstáculos.

Existen cada vez más entidades que ahora se dedican al desafío medioambiental y a la necesidad de justicia social, cuestiones con las que están profundamente comprometidas

1 En un nuevo libro con Mary Kaldor, hemos estudiado ocho ciudades que están en guerra en el mundo actualmente. Existe un símil interesante con la guerra contra un virus. (M.Kaldor y S.Sassen CITIES AT WAR. Columbia University Press 2020)

Saskia Sassen es socióloga, escritora y profesora estadounidense. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013 y Premio CLACSO 2018 en 2018, actualmente es profesora de sociología de la cátedra Robert S. Lynd en la Universidad de Columbia (Nueva York) y profesora visitante de Economía Política en el Departamento de Sociología de la London School of Economics. Es doctora honoris causa por la Universidad de Delft (Países Bajos), la de Poitiers (Francia), la de Gante (Bélgica), la de Warwick (Reino Unido) y el Real Instituto de Tecnología de Estocolmo.