ENTREVISTA A KOSME DE BARAÑANO

"Debemos aprender de nuestro pasado para mirar al futuro"

#arte #sociedad #ocio

Iberdrola patrocina la exposición Bilbao y la pintura, una muestra con obras creadas entre finales del siglo XIX y principios del XX —período en el que la capital vizcaína inició un imparable proceso de modernización—. Su comisario, Kosme de Barañano, nos presenta las claves de la exhibición y nos traslada a un Bilbao efervescente, germen de lo que es la ciudad en la actualidad.

¿Pueden unas obras pictóricas narrar un momento clave en la historia de una ciudad? La respuesta es sí, así lo asegura Kosme de Barañano, comisario de la exposición Bilbao y la pintura. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad vasca se transformó en cuerpo y alma gracias al impuso de una sociedad ávida de modernidad. A través de 27 pinturas el visitante será testigo de dicha evolución, pero ahora atendamos a la persona que mejor conoce las claves de la muestra.

¿Cómo surge el proyecto de exposición Bilbao y la pintura y cuál es su motivación para llevarla a cabo?

Esta exposición está en mi cabeza desde hace más de 40 años y aún conservo un ejemplar encuadernado por José María de Ucelay con su guion y su contenido, es decir, con su sentido. Se trata de repasar y repensar la historia de nuestra ciudad a través de 27 escenas de la pintura —como set-pieces o time-songs—. Estos cuadros afinan esa capacidad doble de memoria y conocimiento: la historia como un continuum que nos trae el pasado de Bilbao y nos sugiere cómo mirar al futuro. La exhibición representa y conceptualiza momentos muy diversos de la historia de Bilbao a través de grandes murales pictóricos que reflejan los barcos comerciales en la ría y las terrazas dedicadas al ocio, la vida de los burgueses y la de los aldeanos, entre otras escenas.

La etapa histórica que reflejan las obras coincide con un momento trascendental para Bilbao —el inicio de un imparable proceso de modernización—. ¿Qué promovió ese extraordinario despegue?

Es difícil explicarlo en una entrevista, de hecho, he necesitado las 300 páginas del catálogo para contarlo. Bilbao despega, o pasa de villa a gran ciudad industrial, por un cúmulo de circunstancias: la ley de aduanas a la costa de 1841, la ley de minas de 1849, la ley de ferrocarriles de 1855, la desamortización de Mendizábal, la cultura de los afrancesados, etc. Pero, sobre todo, por una idea difundida por los comerciantes de la villa: que solo la unión de todos los ciudadanos impulsaría el ensanche de Bilbao y su mirada al futuro.

Kosme de Barañano, comisario de la exposición 'Bilbao y la pintura'

La exhibición representa y conceptualiza momentos muy diversos de la historia de Bilbao a través de grandes murales pictóricos

¿De qué manera muestran las obras esa pujanza, brío y vigor característicos de la etapa de esplendor que vivía la urbe?

Los artistas presentan a través de su obra el Bilbao que tenían ante sus ojos. Lo que pintan, conscientes o no, es lo que experimentan en su vida y así lo transmiten.

Como consecuencia de esa atmósfera, en la exposición se observan distintos lenguajes plásticos. ¿Por qué estaban tan influidos los pintores vascos de la época por escuelas pictóricas como el impresionismo?

Los artistas presentes en la muestra no solo fueron grandes pintores, como demuestran cada uno de los 27 cuadros, sino que además trajeron a Bilbao y a España la modernidad que significó el impresionismo que vieron y estudiaron en Paris —optaron por ir a la capital francesa a ser pintores y no a Roma, como el academicismo de Madrid proponía—. No solo siguieron la huella de Monet y los impresionistas, sino también la de Gauguin, Van Gogh o Cézanne y el resto de posimpresionistas. Uno de nuestros bilbaínos, Paco Durrio, fue el albacea de Gauguin cuando este en 1895 se dirige a Tahití y también acogió en 1901 a un joven genio español: Picasso. Otro vasco en París, Paco Iturrino, fue quien invitó a ese Picasso de 20 años a exponer por primera vez allí. También trajo la pintura fauve a España, a Matisse y a otros pintores, y fue retratado por los grandes del siglo XX: el propio Matisse, Derain, Balthus, Giacometti.

Kosme de Barañano, comisario de la exposición 'Bilbao y la pintura'

Pertenezco a esa estirpe de hijos de comerciantes y de marinos que ha preferido salir que quedarse y eso me ha dado más objetividad en la mirada

Muchos jóvenes burgueses tenían aspiraciones musicales y jugaron un importante papel en la creación de instituciones como la Sociedad Filarmónica o la Orquesta Sinfónica. ¿Era esa avidez cultural típica en la urbe de la época?

No es que fuera típica, pero sí fue especialmente definidora de la villa de Bilbao. Se produce una unión de ciudadanos y no todos pertenecen a la burguesía industrial, sino que son fundamentalmente comerciantes que se juntan para hacer música de vanguardia, como la de Richard Wagner. Ese pequeño grupo de amigos reunidos en un club llamado El Escritorio, popularmente conocido como Kurding, fue fundador de la Sociedad Filarmónica o de la Orquesta Sinfónica y difundieron la música clásica en fiestas o celebraciones.

A nivel de modernización e innovación, ¿ve mucho cambio entre el Bilbao de fines del XIX y el actual?

No tiene nada que ver la villa que era Bilbao a finales del XIX, de alguna manera atenta a los ideales de la revolución francesa y con solo 35.000 habitantes, con el Bilbao actual. Pero sí queda un vestigio, un ansia de mirar al futuro: la apuesta de Bilbao por el metro de Foster, el aeropuerto de Calatrava o el Museo Guggenheim engarza con esa permanente idea de abrirse al futuro.

Kosme de Barañano, comisario de la exposición 'Bilbao y la pintura'

Estos artistas no solo fueron grandes pintores, sino que además trajeron a Bilbao y a España la modernidad que significó el impresionismo

Para Iberdrola es gratificante patrocinar esta exposición, que representa la época y el lugar donde se engendró la compañía. Usted también está en casa, ¿trabajar en proyectos vinculados con el propio origen es un plus?

Más de la mitad de mi vida la he pasado fuera de Bilbao. Nunca he sido profeta en mi tierra, ni he tenido nostalgia al respecto. Pertenezco a esa estirpe de hijos de comerciantes y de marinos que ha preferido salir que quedarse y eso me ha dado más objetividad en la mirada, tanto para hacer esta exposición como para estar orgulloso de quiénes fueron nuestros antepasados: emprendedores, civilizados y comprometidos.

La alegría, evasión y diversión reflejada en las obras contrasta significativamente con la tristeza, soledad e incertidumbre que estamos viviendo actualmente a causa de la pandemia, ¿crees que esta desesperanza acabará reflejada en la cultura actual?

Debemos aprender de nuestro pasado para mirar al futuro. Si logramos equilibrar la fe en el futuro y nuestra memoria colectiva, podremos trabajar para unirnos y navegar hacia un futuro más amable para todos. Solo respetando nuestro pasado, aprendiendo de lo bueno de él, podremos evolucionar como civilización. Un ejemplo: en plena guerra de 1839, siendo bombardeado ese Bilbao que era simplemente las Siete Calles, un conjunto de ciudadanos capitaneados por Máximo Aguirre fue capaz de constituir la Sociedad Bilbaína, un club para el ocio y la lectura. Con ellos comienza el Bilbao que pasa de villa a ciudad, es decir, un lugar de ciudadanos libres e iguales.