Reforestación

Reforestación: cómo recuperar los bosques para proteger el clima y la biodiversidad

Naturaleza

La desertificación, o pérdida de suelo fértil y productivo, es uno de los problemas que ahondan —al reducirse el número de árboles incrementa el efecto invernadero— en el cambio climático que vive el planeta. Una de las soluciones es la reforestación. Pese a sus inconvenientes, se ha convertido en una alternativa para volver a colorear de verde miles de hectáreas.

Reforestación
La reforestación se encarga de repoblar zonas afectadas por la deforestación.

Sin bosques, la vida en la Tierra no sería posible. Estos, junto a los océanos, son el pulmón del planeta y su papel en la lucha contra el cambio climático es vital al absorber cada año unos 2.000 millones de toneladas de CO2 —principal gas de efecto invernadero y gran culpable del calentamiento global—. La trascendencia y el valor de estos ecosistemas terrestres es tan incuestionable que su cuidado y respeto forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En concreto, el ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres busca proteger, restablecer y promover su uso sostenible.

Casi una tercera parte del planeta está cubierta de bosques, lo que equivale a 4.060 millones de hectáreas. Estas grandes masas arboladas nos proveen de lo esencial para la supervivencia: el agua que bebemos, los alimentos que comemos y el aire que respiramos.

Sin embargo, estamos acabando con nuestra fuente de vida: se estima que la mano del hombre ha eliminado 10,9 millones de hectáreas de bosque cada año entre 2015 y 2025, noticia que supone un punto de esperanza respecto a períodos anteriores, en los que esta cifra era superior.

Según el informe Evaluación de los recursos forestales mundiales 2025 (FAO) se calcula que se han perdido 489 millones de hectáreas (superficie que supera el tamaño de la Unión Europea) de bosque en todo el mundo desde 1990. Aunque esta pérdida progresiva ha disminuído en los últimos años, los bosques no se están recuperando a un ritmo suficiente, de hecho, en el período de 2015 a 2025 la tasa de reforestación ha descendido en casi 3 puntos, de un 9,88 millones de hectáreas al año en el período anterior a un 6,78 millones.

La sobreexplotación de los recursos naturales, a través de la tala o el crecimiento urbano, es la principal causa atribuible al ser humano en lo relativo a la desertificación, pero hay otras que no dependen de él. Entre ellas, se encuentran las lluvias poco constantes y las sequías estacionales, la erosión del suelo y las tierras pobres, o los incendios forestales a causa del cambio climático. Ante este escenario, la reforestación se revela como una de las estrategias más efectivas para revertir este problema.

Qué es la reforestación. Objetivos y beneficios

La reforestación consiste en repoblar zonas deforestadas para recuperar bosques destruidos en el pasado reciente. Ante la pérdida de grandes masas forestales, vitales para la absorción de CO2, la generación de oxígeno y la lucha contra el cambio climático, se hace necesaria la plantación masiva de árboles nuevos con el objetivo de evitar la pérdida de ecosistemas y frenar el deterioro del planeta.

Diferencias entre reforestación, forestación y restauración ecológica

Dentro de la silvicultura, que es la disciplina que estudia la gestión de los bosques y los montes, se distinguen tres posibles maneras de intervenir en un entorno natural para repoblarlo:

  • Forestación: consiste en plantar árboles en un terreno que nunca tuvo bosque.
  • Reforestación: trata de replantar árboles donde antes hubo bosque y se perdió. Estos pueden ser autóctonos u otras especies seleccionadas por su rápido crecimiento.
  • Restauración ecológica: en este caso se procura recuperar un ecosistema completo (suelo, fauna, flora, funciones), no solo árboles.
     
Bosques
¿Por qué es importante cuidar de los bosques?

VER INFOGRAFÍA: ¿Por qué es importante cuidar de los bosques? [PDF] Enlace externo, se abre en ventana nueva.

La reforestación, por tanto, contribuye a la consecución de diversos objetivos, todos ellos encaminados a recuperar la estabilidad que proporcionan los bosques:

  • Restablecer la pérdida de biodiversidad

    Los bosques albergan más del 80 % de todas las especies terrestres del mundo. En concreto, según El estado de los bosques en el mundo 2025 (FAO) existen más de 58.000 especies arbóreas en el mundo. Estos acogen al 80 % de los anfibios, al 75 % de las aves y al 68 % de los mamíferos, según los últimos datos reflejados en su informe de 2020. Su degradación y desaparición aboca a cientos de especies a la extinción pese a los esfuerzos de conservacionismo. La Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea para 2030 prevé la plantación de al menos 3.000 millones de árboles en territorio europeo para contribuir a la protección de la biodiversidad.

  • Reducir el dióxido de carbono en el aire

    La actividad del ser humano causa emisiones anuales de en torno a 40 Gt CO2. La mitad de estos gases se quedan en la atmósfera contribuyendo al calentamiento global y la otra mitad es absorbida por bosques y océanos. Reforestar es fundamental para nuestra propia subsistencia: los bosques son sumideros de carbono imprescindibles para frenar el cambio climático. Sin ellos, la temperatura promedio del planeta seguirá en aumento, con la consecuente elevación del nivel del mar o el deshielo de glaciares y polos, entre otros efectos climáticos.

  • Revertir la erosión del suelo y revivir las cuencas hidrográficas

    Los árboles del bosque, al frenar el viento y la caída del agua, protegen al suelo de la erosión. Los suelos erosionados e infértiles perjudican a la agricultura y favorecen los deslizamientos de tierra y las inundaciones repentinas. La reforestación busca paliar esa situación, también acentuada por la tala indiscriminada, preservando la fertilidad del suelo con unas raíces bien adheridas. A su vez, las cuencas hidrográficas reviven con la recuperación de nutrientes.

  • Cuidar la salud del ser humano

    La degradación de los diferentes hábitats también puede propiciar un aumento en la transmisión de enfermedades infecciosas emergentes. El 75 % de estas enfermedades, por ejemplo la gripe aviar o el ébola, se transmiten de la vida silvestre a las personas. La degradación de los bosques, sin una óptima reforestación, propicia la exposición de los seres humanos a enfermedades zoonóticas.

Tipos de reforestación

Según el lugar en que se practique, se distinguen dos tipos de reforestación:

  • Reforestación urbana. Referida a la plantación de árboles en entornos urbanos. Su objetivo tiene que ver con las propias necesidades de la ciudad: modificar el clima —los espacios verdes son buenos para combatir el calor—, mejorar la calidad del aire —la alta incidencia de tráfico en las ciudades hace que suban los niveles de CO2—, aumentar las zonas de sombra o embellecer el entorno.
  • Reforestación rural. Se trata de la plantación masiva de árboles en superficies forestales que han sido deforestadas, es decir, donde antiguamente existían bosques, selvas o vegetación semiárida. También puede darse en áreas donde estos antes no existían, aunque el término adecuado en ese caso sería forestación. Dentro de la reforestación rural, se enmarcan distintos subtipos atendiendo al objetivo: de conservación, de protección y restauración, agroforestal o productiva.

Cuando un plan de reforestación se realiza de manera adecuada, se convierte también en una solución de descarbonización basada en la naturaleza muy poderosa. Además del impacto directo que el bosque tiene en la flora y la fauna local, se convierte en una herramienta indispensable para controlar las emisiones del CO2. Con nuestra iniciativa Carbon2Nature ponemos en marcha proyectos innovadores en todo el mundo a través de los cuales protegemos la biodiversidad a la vez que luchamos contra el impacto del exceso de gases de efecto invernadero.

Cómo se realiza una reforestación

Para reforestar un terreno baldío por la tala indiscriminada, por un incendio o por la deforestación a causa del cambio climático hay que trazar un plan. La reforestación ha de ser sostenible, es decir, no se trata de plantar árboles arbitrariamente. A continuación, repasamos las principales cuestiones a tener en cuenta:

  • icono que representa un documento con un lápiz

    Realizar un estudio de campo

    Antes de nada, hay que estudiar el terreno y comprobar las condiciones del lugar: desde el suelo —profundidad, textura, fertilidad— al clima —temporada seca o húmeda (es indispensable que haya humedad)— o al tipo de población que habita en el ecosistema —fauna y flora autóctona—.

  • Elegir las especies repobladoras

    Lo más recomendable es optar por especies autóctonas, pero también pueden incluirse especies importadas de crecimiento rápido que sean compatibles con el suelo y el clima. El germoplasma forestal ha de ser de buena calidad y lo ideal es que el vivero de procedencia se encuentre a no más de 100 kilómetros. La forma y el momento del transporte también son importantes, evitando el sol o las fuertes corrientes de viento.

  • Optar por un método de plantación

    Hay que preparar el terreno, elegir las herramientas adecuadas y optar por la técnica menos invasiva. Además, debemos tener en cuenta la altura y cobertura de cada nueva planta para que no se perjudiquen entre ellas. La plantación no se acaba con la introducción del germoplasma forestal, sino que se debe llevar a cabo un plan de seguimiento.

  • Establecer un plan de protección

    Dentro del plan de seguimiento, se debe desarrollar el modo de proteger el bosque reforestado de posibles enfermedades, plagas, incendios o talas ilegales, entre otros. El mantenimiento y las evaluaciones son vitales para afianzar la reforestación.

Errores a evitar en un plan de reforestación

Según la Evaluación de los recursos forestales mundiales 2025 (FAO), más de 2.130 millones de hectáreas de bosque en el mundo tienen planes de gestión. La preparación de directrices para el correcto funcionamiento de los bosques es un punto de partida que no debe faltar a la hora de rehabilitar un bosque o de lanzarse a reforestar porque, como en todo proceso, pueden surgir problemas:

  • Si la reforestación es impulsiva, es decir, no cuenta con un buen plan de ejecución, puede ser contraproducente, perjudicando a la diversidad de especies o a los cultivos agrícolas.
  • En grandes cultivos forestales podemos conseguir el efecto inverso al buscado, desecando y empobreciendo los suelos por exceso de concentración salina.
  • Una mala elección de los nuevos árboles a introducir, así como su manera de plantarlos y posicionarlos puede ser perjudicial. Además, la introducción de especies invasoras puede favorecer la extinción de otras.
  • Una reforestación mal planteada podría desembocar en un monocultivo, que no solo afectaría a la diversidad de la flora autóctona sino también a los hábitats de los diferentes habitantes del bosque.

Reforestación estratégica para maximizar su impacto

El trabajo de recuperación de la superficie forestal es delicado, hay muchos elementos que se deben tener en cuenta antes de iniciar cualquier proyecto. Conocer de antemano el impacto potencial que tendrá el plan de reforestación supone un gran avance a la hora de cuidar adecuadamente el medio ambiente. Con esta motivación se ha publicado un estudio liderado por científicos de The Nature Conservancy (TNC) en la publicación Nature Communications. En él se propone un enfoque más realista para la reforestación global, en el que se reducen las estimaciones previas sobre los terrenos aptos para plantar árboles de nuevo.

A través del cruzado de datos procedente de 89 estudios sobre este tema han desarrollado una herramienta que identifica qué terrenos son aptos para una reforestación exitosa. Toman en consideración tanto la adecuación del suelo como la protección activa de otros usos también prioritarios como la conservación de hábitats, la producción de alimentos y la disponibilidad de agua dulce de la región que se desea intervenir. También tienen en cuenta el albedo, fenómeno a través del cual el desarrollo de zonas arboladas puede ser contraproducente al modificar la cantidad de luz solar que se refleja o absorbe, así como pastos nativos, necesarios para la fauna local.

Así, han conseguido identificar 195 millones de hectáreas donde el proceso de reforestación ofrece el máximo beneficio climático generando el menor conflicto frente a la producción de alimentos y frente a los derechos territoriales. Con ello buscan reducir intervenciones fallidas que puedan llegar a ser contraproducentes y aprovechar al máximo los recursos destinados a la consecución de estos objetivos para que los esfuerzos de conservación sean más eficaces.

En definitiva, la reforestación no solo busca plantar más árboles sino hacerlo mejor. Gracias a una buena planificación se puede lograr restaurar zonas verdes perdidas, apoyar o rehabilitar la biodiversidad de una región y, además, absorber el CO2 de la atmósfera para proteger el medio ambiente.