AGUA EN LA LUNA

El descubrimiento de agua en la Luna y su impacto: de las misiones espaciales a una futura colonización

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El Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja de la NASA (SOFIA, por sus siglas en inglés) confirmó recientemente la presencia de agua en la superficie lunar, concretamente en la zona iluminada por el sol. En las siguientes líneas, abordaremos las numerosas implicaciones de este hallazgo, tanto de cara a próximas misiones espaciales como ante una futura colonización del satélite natural de la Tierra.

El satélite natural de nuestro planeta ha marcado la historia de la humanidad. Aristarco de Samos calculó su tamaño y distancia hace 23 siglos, con un error de tan solo un tercio del valor real. Más tarde, Galileo Galilei la observó con su telescopio y dibujó los primeros mapas de sus cráteres y montañas. Y, en la actualidad, la Luna sigue generando la misma mezcla de curiosidad y fascinación, proliferando las misiones, las investigaciones y los descubrimientos.

LA EXPLORACIÓN LUNAR

La exploración de la superficie lunar comenzó hace más de 60 años. El módulo Luna 2, una sonda lanzada por la Unión Soviética, alcanzó el satélite en 1959. Pero el mayor hito se produjo diez años después, en 1969, cuando la misión estadounidense Apolo 11 completó con éxito el viaje que puso por primera vez a seres humanos —Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins— en la Luna.

Durante este tiempo, pese a que ningún humano ha vuelto a pisar su superficie, no han cesado las misiones y las investigaciones, muchas de ellas ligadas a especulaciones sobre cómo habitarla. Los obstáculos son muchos, principalmente la falta de agua, un elemento imprescindible para el sostenimiento de la vida sobre nuestro satélite. Sin embargo, la reciente confirmación de la presencia de agua en la Luna puede suponer un impulso a la futura colonización lunar.

EL DESCUBRIMIENTO DE AGUA EN LA LUNA

En 1971, una de las misiones Apolo ya pudo constatar que había trazas de agua en la superficie lunar, pero se trataba de unas pocas moléculas difusas. La Luna no tiene gravedad suficiente para retener una atmósfera, lo que hace que en el vacío el agua se evapore inmediatamente, en concreto, es la radiación solar la que descompone el agua en hidrógeno y oxígeno, escapando así al espacio.

En 2009, se envió un cohete que impactó en el cráter Cabeus de la Luna, al mismo tiempo que la nave espacial del Satélite de Observación y Detección de Cráteres Lunares (LCROSS, por sus siglas en inglés) de la NASA volaba a través de la pluma de eyección. El LCROSS detectó una cantidad significativa de ion de hidroxilo (OH), algo que podría atribuirse a la presencia de hielo en el cráter, pero también a los hidratos, que son sales inorgánicas que contienen moléculas de agua unidas químicamente. Un análisis posterior anunció que la concentración de agua era de alrededor de un 6 %.

Cómo se detectó la presencia de agua en la Luna

La confirmación definitiva de la presencia de agua en la cara iluminada de la Luna llegó en octubre de 2020. En un artículo publicado en Nature Astronomy, un equipo de científicos utilizó SOFIA (Observatorio Estratosférico para la Astronomía Infrarroja), un telescopio infrarrojo montado en el interior de un jumbo 747, para detectar la presencia de agua, no ya en las grietas y sombras de los cráteres, sino en partes de la Luna donde brilla el sol.

El observatorio SOFIA y la confirmación de la existencia de agua en la Luna.#RRSSEl observatorio SOFIA y la confirmación de la existencia de agua en la Luna.

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Dónde hay agua en la Luna

Durante bastante tiempo se pensó que el agua en la Luna se encontraba solo en las zonas de sombra cerca de los polos lunares. Algunos cráteres profundos cercanos a los polos están permanentemente a la sombra, lo que habría favorecido que el agua se acumulara allí en forma de placas de hielo durante millones de años. El descubrimiento de SOFIA revela que el agua podría estar distribuida por toda la superficie lunar, ya que el agua detectada se almacena en burbujas de vidrio lunar o entre los granos del polvo lunar, los cuales se encuentran protegidos de la radiación.

Por qué hay agua en la Luna

El agua lunar tiene dos posibles orígenes. Por un lado, los cometas y otros cuerpos celestes que impactan contra la Luna son portadores de agua en forma de hielo. Por otro, hay cierta producción de agua en la superficie. En teoría, esto último ocurre cuando los iones de hidrógeno del viento solar se combinan químicamente con los átomos de oxígeno presentes en los minerales lunares, lo que hace que se formen grupos hidroxilos (OH) entre los cristales de los minerales de las rocas y entre las burbujas del vidrio lunar. En las zonas de sombra, en cambio, el agua se almacena en forma de hielo.

LAS IMPLICACIONES DEL DESCUBRIMIENTO DE AGUA EN LA LUNA

Para que la Luna sea capaz de sostener la vida humana es necesario disponer de oxígeno y agua. El oxígeno puede extraerse de las rocas, donde se encuentra en forma de óxidos, pero la obtención de agua es más compleja. Por ello, el descubrimiento de agua en la superficie lunar podría hacer que su colonización, algo que se plantea ante un posible colapso del planeta a causa del cambio climático o de cualquier otra catástrofe, fuera viable, ya que transportar agua desde la Tierra tendría unos costes prohibitivos.

Por un lado, el hielo acumulado podría extraerse y proporcionar agua líquida para beber y cultivar plantas. Por otro, el agua podría separarse en sus componentes por electrólisis usando energía solar, proporcionando hidrógeno y oxígeno para respirar y combustible para cohetes. Analizando el hielo lunar, también se obtendrá información muy valiosa sobre la historia de los impactos en la Luna y la abundancia de cometas y asteroides en los inicios del sistema solar.

Una cuestión que podría suponer un conflicto en el futuro es quién es el propietario del agua lunar y quién tiene derecho a explotarla. El Tratado de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre no impide la explotación de los recursos lunares, pero sí su apropiación por parte de naciones individuales. Sin embargo, la prueba definitiva llegará cuando dicha explotación esté en marcha y, pese a la presencia de agua, ese momento parece aún lejano.