BIOECONOMÍA

Bioeconomía: los desafíos de un modelo clave para el desarrollo sostenible

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En un mundo amenazado por el cambio climático, el impulso hacia una economía más respetuosa con el medio ambiente no es una opción, es una obligación. Para alcanzar dicho desarrollo sostenible, la bioeconomía, que la FAO define como "la producción basada en el conocimiento y la utilización de recursos, procesos y métodos biológicos para proporcionar bienes y servicios de forma sostenible en todos los sectores económicos", se torna fundamental.

La actividad humana ha modificado el clima en el último siglo de forma patente. Sin ir más lejos, el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha desencadenado un incremento de la temperatura media de la Tierra. Además de las consecuencias directas sobre el medio ambiente y los seres humanos, el cambio climático afecta a la economía en su conjunto.

El impacto del cambio climático sobre la seguridad alimentaria, la salud de las personas, las corrientes migratorias, la pérdida de biodiversidad, el aumento del nivel del mar, entre otros, supondrá una disminución en la productividad y la creación de riqueza, especialmente en los países menos desarrollados. En este contexto, la bioeconomía tendrá un papel clave en la lucha contra el cambio climático.

QUÉ ES LA BIOECONOMÍA

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la bioeconomía es "la producción, utilización y conservación de los recursos biológicos, incluidos los conocimientos relacionados, la ciencia, la tecnología y la innovación, para proporcionar información, productos, procesos y servicios a todos los sectores económicos con el objetivo de avanzar hacia una economía sostenible".

El término bioeconomía se popularizó en la primera década del siglo XXI a partir de su adopción por parte de la Unión Europea (UE) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como marco para promover el uso de la biotecnología para desarrollar nuevos productos y mercados. Desde entonces, tanto la UE como la OCDE disponen de políticas específicas de bioeconomía.

Por ejemplo, la Estrategia de Bioeconomía de la UE abarca todos los sectores y sistemas que dependen de los recursos biológicos: animales, plantas, microorganismos y biomasa derivada, incluidos los residuos orgánicos. El objetivo último es la protección del medio ambiente, evitar la sobreexplotación de los recursos naturales y potenciar la biodiversidad.

La bioeconomía circular

La bioeconomía pretende impulsar tanto el desarrollo sostenible como la circularidad. En concreto, los principios de la economía circular —reutilizar, reparar y reciclar— son parte fundamental de la economía biológica. Mediante la reutilización, la reparación y el reciclaje se reduce la cantidad total de residuos y su impacto. También se ahorra energía, minimizando la contaminación del suelo, el aire y el agua, contribuyendo así a evitar daños en el medio ambiente, el clima y la biodiversidad.

縋or qu necesitamos una bioeconom韆 sostenible y circular?#RRSS¿Por qué necesitamos una bioeconomía sostenible y circular?

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Ejemplos de bioeconomía

Los sistemas alimentarios ocupan el mayor nicho de la bioeconomía. A estos sistemas, que incluyen la agricultura sostenible, la pesca sostenible, la silvicultura y la acuicultura, así como la fabricación de alimentos y piensos, se añaden los bioproductos y la bioenergía. Entre los bioproductos nos encontramos con los bioplásticos, la ropa biodegradable y demás productos relacionados con el ecodiseño. La bioenergía, como la biomasa —una de las energías renovables—, mejora la seguridad del suministro energético, reduce la dependencia energética y crea nuevas oportunidades de crecimiento y empleo.

CÓMO IMPULSAR LA BIOECONOMÍA

Una adecuada estrategia de bioeconomía pasa por desarrollar un plan de acción en el que participen gobiernos locales, nacionales y organizaciones supranacionales. Para impulsar dicho plan, es necesario un marco político que fomente el multilateralismo y permita aunar esfuerzos. A continuación, repasamos las líneas maestras a seguir:

  • Aumento de las inversiones en investigación, innovación y capacitación. La investigación en cuestiones ligadas a la bioeconomía y su aplicación tienden a estar desconectadas. Para evitarlo, debe promoverse la asociación entre lo público y lo privado.
  • Refuerzo de la coordinación política y el compromiso. Aumentar las sinergias y la coherencia entre las políticas, las iniciativas y los sectores económicos relacionados con la bioeconomía es fundamental.
  • Mejora de los mercados y la competitividad. Consiste en proporcionar la base de conocimientos necesaria para que los diferentes sectores de la bioeconomía sean más sostenibles, así como impulsar el desarrollo de energías limpias.

La bioeconomía, la Agenda 2030 y los ODS

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó en 2015 la Agenda 2030. Este plan de acción engloba los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, aunque todos estos objetivos pueden beneficiarse de la aplicación de la bioeconomía, un estudio de la FAO [PDF] ha encontrado cuatro áreas de relación:

1. La bioeconomía influye en la consecución del fin de la pobreza, el hambre cero y la reducción de las desigualdades.

2. La bioeconomía se relaciona con los objetivos de agua limpia y saneamiento, ciudades y comunidades sostenibles y consumo y producción responsables.

3. La bioeconomía impulsa una industria y unas infraestructuras sostenibles, además de promover el crecimiento económico y el trabajo decente.

4. La bioeconomía fomenta la salud y el bienestar y la acción climática, lo que beneficia a la vida submarina y a la vida de los ecosistemas terrestres.

LAS VENTAJAS DE LA BIOECONOMÍA

La bioeconomía proporciona soluciones a los principales retos a los que se enfrenta la humanidad en la actualidad, casi todos ellos ligados al cambio climático:

 Garantizar la seguridad alimentaria y reducir el estrés hídrico.

 Gestionar de manera sostenible los recursos naturales para evitar su sobreexplotación.

 Reducir la dependencia de los combustibles fósiles e impulsar las energías renovables.

 Desarrollar acciones encaminadas a la mitigación y adaptación al cambio climático.

 Crear empleos verdes y mantener la productividad y la competitividad.

 Reducir las emisiones de GEI y mejorar la salud pública.