MOVILIDAD DEL FUTURO

¿Cómo puede la movilidad urbana adaptarse al mundo de hoy y salvaguardar el planeta?

#I+D+i #sostenibilidad medioambiental #sociedad

La creciente masificación de las grandes ciudades supone un serio reto para la movilidad sostenible. Gracias a la revolución digital, herramientas como el big data y conceptos como el carsharing son vitales para crear ciudades inteligentes con sistemas de movilidad de alto rendimiento. A continuación, abordamos cuáles serán las claves de la movilidad del futuro, las tendencias que revolucionarán cómo nos desplazamos y el impacto que tendrá en todo ello la crisis del coronavirus.

De acuerdo a la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), las ciudades ocupan solo el 2 % de la superficie terrestre. Sin embargo, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2019 un 56 % de la población mundial vivía en las ciudades. Asimismo, actualmente hay más de 500 urbes que superan el millón de habitantes —cinco incluso superan los 20 millones (Tokio, Delhi, Shanghái, São Paulo y Ciudad de México) y consumen el 70 % de la energía mundial—. Para 2100 se espera que el número de megaciudades continúe aumentando, con Lagos (Nigeria) y Kinshasa (R.D. Congo) a la cabeza con 88 y 83 millones de habitantes respectivamente.

La creciente masificación de las grandes ciudades, tendencia que previsiblemente no frenará la crisis del coronavirus, supone un gran reto para la movilidad urbana y la pregunta que surge es: ¿puede adaptarse a esta nueva realidad al tiempo que protege la salud del planeta? De acuerdo a los expertos, la respuesta es sí. Pero para ello, advierten, necesitamos crear ciudades inteligentes que, gracias a macroherramientas como el big data, recopilen y analicen sin descanso la ingente cantidad de datos que generan a cada instante vehículos, peatones, semáforos y demás elementos y circunstancias del tráfico urbano para ordenarlo con la mayor eficiencia.

La pandemia de COVID-19 también está impactando en la movilidad urbana. El confinamiento y el auge del teletrabajo han limitado nuestros desplazamientos, ya sea por carretera o por vía pública, y ese ya era uno de los objetivos a trazar en el nuevo mapa de la movilidad. Por ello, algunos prefieren ver esta crisis, que aún no sabemos cuánto perdurará, como un acelerador de los cambios que estaban por venir. Pese a que una encuesta publicada en abril de 2020 por Capgemini, realizada entre 11.200 consumidores de 11 países, apunta que un 35 % de ellos está pensando en adquirir un vehículo particular, los escenarios que plantean los expertos continúan pasando por dar mayor protagonismo a los viandantes y por potenciar el uso de vehículos de movilidad personal. Entre otros motivos, porque consideran que, a largo plazo, problemas como el cambio climático tendrán mayor impacto que la COVID-19.

CLAVES Y RETOS DE LA MOVILIDAD DEL FUTURO

Los atascos de tráfico retrasan a personas y mercancías, aumentan los niveles de estrés y contaminan el aire hasta el punto de estar considerados una de las causas de muerte prematura en las grandes ciudades. Por estas y otras razones, hay consenso en que la gestión de la movilidad urbana tiene un impacto directo sobre la prosperidad de una ciudad. En un reciente estudio sobre las tendencias de la movilidad urbana inteligente, destinado a anticiparse a las necesidades de las ciudades del futuro, la consultora Deloitte identificaba tres rasgos clave para un sistema de movilidad eficiente:

 Rendimiento y resiliencia

Las ciudades deben garantizar el buen estado de sus carreteras e infraestructuras de transporte, ofreciendo diferentes opciones de movilidad integradas entre sí con el objetivo de minimizar los atascos, los tiempos de desplazamiento y la contaminación.

 Visión y liderazgo

Un sistema de movilidad de alto rendimiento no es, evidentemente, fruto del azar. La movilidad urbana requiere de una adecuada dosis de innovación e inversión, además de una buena dirección que coordine a las diferentes partes.

 Servicio e inclusión

La movilidad urbana tiene que ser accesible a toda la población. Las ciudades deben garantizar la puntualidad y adecuada rotación del transporte público, ofrecer opciones asequibles a todos los bolsillos y facilitar el acceso a toda la gama de transportes.

Cómo adaptar la movilidad a la realidad post COVID-19.

¿Cómo adaptar la movilidad a la realidad post COVID-19?

 

 VER INFOGRAFÍA: ¿Cómo adaptar la movilidad a la realidad post COVID-19? [PDF]

TENDENCIAS DE MOVILIDAD URBANA

A hombros de la revolución digital y bajo la amenaza del cambio climático, los últimos años han visto nacer nuevas tendencias que están revolucionando el sector del transporte urbano. Entre ellas, cabe destacar:

 Movilidad sostenible

Al no depender de combustibles fósiles, los vehículos eléctricos representan la movilidad del futuro. Así lo reflejan, por ejemplo, sus crecientes cifras de venta. Un factor clave en este auge es la innovación en lo relativo a las baterías, que cada vez son más baratas, eficientes y autónomas.

 Movilidad compartida

Se calcula que el 40 % del tráfico en el centro de las ciudades se debe a la búsqueda de aparcamiento. Al compartir coche entre varias personas en lugar de conducir cada uno el suyo, se reduce el tráfico y la emisión de gases contaminantes. La crisis del coronavirus, si se alarga en el tiempo, puede poner en jaque la viabilidad de esta tendencia, ya sea por el miedo al contagio o porque los nuevos protocolos de desinfección añadirán costes extras.

 Vehículos autónomos

Son vehículos que, gracias a la Inteligencia Artificial (IA), pueden desplazarse sin la interacción del conductor. Un coche autónomo puede recoger a un usuario y dejarlo en su destino utilizando siempre la mejor ruta. Entre otras ventajas, permite reducir el tráfico y las plazas de aparcamiento para así mejorar la calidad del aire.

 Movilidad conectada

Gracias al Internet de las Cosas (IoT), ahora podemos hacer que todos los elementos de la circulación se comuniquen entre sí: vehículos, semáforos, señales, etc. Además, con el despliegue masivo del 5G, los coches podrán recibir información sobre plazas de aparcamiento libres o sobre peligros fuera de su campo de visión, mientras que los semáforos podrán autorregularse en función del tráfico y la presencia de peatones, entre otras ventajas.

Cabe añadir que, tal y como destaca el McKinskey Center for Future Mobility, estas tendencias no deben tratarse individualmente sino que las ciudades deben adoptar un enfoque integrado. A este enfoque, que trata de reducir el uso del coche privado combinando las nuevas tendencias de la movilidad con el transporte público, se le conoce con el término Mobility as a Service (MaaS).

CONCEPTOS DE LA NUEVA MOVILIDAD

De la mano de las últimas tendencias en movilidad, ha surgido un glosario de nuevos conceptos que van más allá del ya archiconocido carsharing. A continuación, repasamos algunos de ellos:

  • Última milla. Hace referencia al tramo que recorre alguien antes de llegar a su destino, por ejemplo, tras bajar del metro o el autobús. Actualmente, la micromovilidad —bicicletas públicas, patinetes eléctricos, etc.— es la solución ideal para recorrerla, pero también tendrá que adaptar su servicio tras la crisis del coronavirus.
  • Ride sharing, ride pooling y ride hailing. Estos conceptos se utilizan para referirse a aquellos que optan por el coche compartido. Ride sharing se refiere a los viajes en coche compartidos entre particulares, ride hailing es cuando los usuarios reservan un trayecto en coche a través de una aplicación y ride pooling cuando varios pasajeros comparten un conductor profesional. Estas modalidades deberán adoptar unas normas de uso muy concretas tras la irrupción de la COVID-19.
  • Charging. Propios de la movilidad eléctrica, los servicios de charging están destinados a facilitar la vida de los dueños de vehículos enchufables, no solo informándoles de dónde están los puntos de recarga más cercanos, sino también, entre otras cosas, facilitándoles el pago.
  • Tarifa plana de movilidad. Los usuarios pagan una cuota fija mensual por utilizar un vehículo —con la opción de cambiar de modelo durante el periodo de contratación—, convirtiéndose así en una alternativa razonable a la compra de un coche.